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el rayo verde

Terje Hauge (born October 5, 1965 in Bergen, Norway).

Terje Hauge (born October 5, 1965 in Bergen, Norway).

Acabo de ver el partido de Fútbol que hoy se ha disputado en Minsk, Bate Borisov -Real Madrid CF. (0-1) en Antena-3.
Como soy ex-colegiado y ex-jugador, me voy a inclinar a hablar sobre el arbitraje. El match ha sido arbitrado por Terje Hauge, árbitro noruego. Con diferencia ha sido el mejor del partido, es decir ¿ha pasado desapercibido? Lo habitual, lo corriente, es decir que si ha pasado desapercibido, ha estado bien. Pero la cuestión es otra.
Terje Hauge ha cosechado mi elogio como aficionado por la manera de impartir justicia arbitral. Para entendernos, es tan obvio como buscar el equilibrio imparcial entre un club grande y un club pequeño a la hora de enfrentarse a las reglas en un partido de fútbol. Las decisiones de Terje Hauge durante el partido han sido asépticas, las reglamentarias, sin importar si el infractor era una figura o un “tuercebotas”, y la camiseta del Real Madrid no ha asfixiado su cerebro. Ni las intimidaciones del 3 (Pepe) o la permanente puesta en escena del 14 (Guti) le han pervertido a la hora de señalar una falta o amonestar. Arbitraje impoluto.
A los árbitros se les llama de todo, son como blancos tentadores para la ira de algunos energúmenos y puedo dar fe. Son la parte más oscura y siempre rezumando sospechas, sin embargo, entre tanto desconcierto de jugadores que fallan clarísimas ocasiones de gol o comentaristas que se pasan de listos, lo que es inequívoco son sus indiscutibles habilidades de supervivencia. Rodeados de fastos, de jugadas alucinantes, cámaras, programas deportivos y demás parafernalia se incrementan la complejidad de sus decisiones, siempre impregnadas de cierta desesperación. Ciertamente, una manera de entender el fútbol muy sufrida.

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En todo mi corazón te siento, fuiste el ser más bueno que pude encontrar. Allí en tu sagrada tumba reposas para siempre, con un cielo azul y los vientos fríos por compañeros. Hace un año se fue parte de la luz de mi vida.

El lado frío de la almohada (2004).

El lado frío de la almohada (2004).

El señor que tiene un perrito que ladra a los otros perros es tan previsible como la rinitis de Ana. Se acerca dando rodeos, entre los bancos de la plaza, en busca de una victima propiciatoria. Convencido de sus argumentos seguirá el próximo martes, si no hay caza, con lo mismo. Me va erosionando el aguante, así cada día. He llegado a una condición humillante, suelo acercarme a la plaza del barrio como un marine. Sigilosamente. Por entre los coches aparcados en batería oteo y, ante el inagotable poder de resistencia del que llamamos en casa “El de lo social”, aspiro a pasarle desapercibido. Cuando me pilla por banda el desconcierto es mayúsculo, la inmigración, el gobierno de Zapatero, las empresas, la refundación del capitalismo,... artillería pesada. Es desesperante como defiende a Esperanza Aguirre pero es histórico como consigue ponérmela en contra de un modo específico. No es brillante en sus locuciones, ahonda persistentemente en un estilo mucho más zafio que el de un famoso locutor de radio de las mañanas, sino es demagógico y mientras no aguanta como dice la suciedad de los bares, no se da cuenta que su perro se ha cagado en una esquina de la plaza o no quiere darse cuenta. Los horrores de la política socialista salen a la palestra otra vez y los dispositivos innatos de barrera acústica en mis oídos se activan.

Ahora mientras “El de lo social” mueve la boca haciendo muecas pienso en el último libro que estoy leyendo de Belén Gopegui, no me ha quedado claro algo de la protagonista Laura Bahía que había quedado en verse con otro personaje en un lugar. Estaba en una exposición de pintura sobre un pintor que trata sobre el viento ineludible que rasgea los toldos de las playas y demás. Laura se acerca al otro personaje del que parece se esta enamorando, se rozan. “El de lo social” me mueve el brazo, se conoce para tener la certeza de que le sigo en sus  disquisiciones, sin embargo no consigo oír lo que me está diciendo, como el americano que está con Laura más abierto a otras consecuencias. Laura sigue hablando sin darse por enterada que el americano la vuelve a rozar con su brazo. Se besan. Los labios del hombre se acercan de nuevo a los de Laura y las bocas se abren como los remolinos de lo sueños. Sigo sin inmutarme, la experiencia va llegando a su fin porque las cuatro patas de Otto han doblado la esquina y “El de lo social” se va detrás. Me quedo mirando a un ciprés que apunta al infinito y veo la copa cimbrearse por el viento en busca de una expresión artística en ese movimiento. También sueño de ese lugar del lado frío en la almohada, del que habla Laura, y en dónde tenemos los sueños que no se cumplirán.

Madrid Cow Parade 2008

Madrid Cow Parade 2008

Paseando llegué a la carpa que han montado en la plaza Felipe II, la llamada Cow Parade. Parece ser que esta exposición va viajando por todas las grandes ciudades del planeta. Allí unas cuantas docenas de vacas de fibra de vidrio (¿…?) u otro material, esperaban ser intervenidas. Había ya algunas pintadas o contaminadas con atributos diversos y pululan por el recinto como en un establo, hay incluso alpacas de paja para que se sientan cómodas. Algunas son transformadas en copia de otras vacas, las hay inéditas y otras con reseñas de ciencia, mitos o de género indeterminado.

La idea surgió en Suiza, el país de las vacas, y desde hace unos diez años los artistas locales y gentes de reputada fama colaboran con el proyecto para buenas causas.

Las vacas se convierten en mutantes a voluntad de los autores, pura evasión.

Buena cosa es ver a los artistas en plena faena, en un espacio bastante reducido y con un montón de miradas golpeándoles continuamente. Luego están los abusos fotográficos, las gracias consabidas sobre el tema vaqueril y la tercera edad interfiriendo junto a niños superando en cualquier momento las bandas del “no pasar”.

Logan se lo pasó estupendo en su habitual excitación entre las nuevas naturalezas que van apareciendo en este su quinto otoño. Venía acompañado de su amiguita Boa y los dos se deslizaron por debajo de las bandas de separación entre público y vacas para tocar las ubres a las protagonistas. La interdependencia de las vacas y los niños parece que no gustó al artista de una vaca floreada y el que estaba colocando unas alas a un bovino de la segunda fila se empezó a descojonar. En cuanto a Thor, era imposible mantenerle demasiado tiempo en el carrito, y ha aprendido la palabra vaca. La salida fue un aliento, me consta, para el guardia jurado de la puerta que no dejaba de imaginarse que algo malo iba a ocurrir a alguna de sus vacas. Antes, saqué una foto a una de ellas que me llamó la atención, una vaca Guernica.

Cadena humana en Rivas-Vaciamadrid en defensa del Parque Regional del Sureste.

 

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El pasado 9 de noviembre de 2008 fuimos a Rivas, en la Comunidad Autónoma de Madrid, por una convocatoria en defensa del Parque Regional del Sureste y a formar una cadena humana como protesta. Recorrimos un trayecto medio urbano y llegamos a los cantiles que dan a la laguna del Campillo en poco más de 15 minutos. Es un verdadero lujazo para los vecinos del pueblo tener tan cerca esta maravilla como cerca anda su destrucción. El tenue equilibrio ecológico que existe en este valle no deja de cruzarse con las amenazas reales y no actuar es seguir hundiéndonos en el fango de la reiterada catástrofe natural.

Los peligros sobre este territorio se disparan: la posible ubicación de una Central Térmica en la confluencia de los ríos Jarama y Manzanares, escombreras descontroladas, abusiva extracción de áridos, caza furtiva y para qué seguir. Según la previsión de un amigo, se agudizan los problemas de la zona como las actitudes irresponsables.

A eso me refiero, esperaba encontrar más gente sensibilizada con este problema. Las posibilidades de difusión de estos temas no son amplias pero en Rivas, vi numerosos carteles de la convocatoria y la asistencia al acto la calculé en torno a unas quinientas personas. Si la población de Rivas es de unos 60.000 y la comarca afectada corresponde a una extensión importante de la Comunidad, uno se puede pronunciar como que la marcha fue un autentico fracaso.

No se puede renunciar al potencial de la gran mayoría pero la supervivencia de muchas aves acuáticas y todo un ecosistema están en manos de nuestros políticos y de algunos convecinos sin escrúpulos. El espíritu de unas organizaciones no resolverán los problemas y ver pasar desde el balcón del adosado a unos cuantos cientos de locos con pancartas es una postura tremendamente imprudente.

Cuando los desechos químicos y la basura atmosférica lleguen sigilosamente a nuestras casas, a nuestros grifos, a nuestros pulmones, entonces cerraremos los ojos de forma definitiva. No habrá vuelta atrás.

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ampliación: http://farm4.static.flickr.com/3059/3020164589_378c01cc54_o.jpg

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COMUNICADO DE PRENSA en defensa del Parque Regional del Sureste: 
Cientos de personas formarán una cadena sobre los cantiles de Rivas exigiendo medidas urgentes de conservación en el Parque del Sureste, tras 9 años de incumplimientos reiterados de la ley por parte del Gobierno Regional. Todos los colectivos de defensa ambiental del Sureste de Madrid, han convocado esta movilización para el próximo 9 de noviembre (…) sigue en los enlaces convocatoria:

 

http://jaramavivo.blogspot.com/2008/11/cadena-humana-en-defensa-del-parque.html

http://rivasairelimpio.blogspot.com/2008/11/cadena-humana-en-defensa-del-parque.html

http://latorredeciempozuelos.blogspot.com/2008/11/cadena-humana-en-defensa-del-parque-del.html

 

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Joe Strummer: The future is unwritten (2007) de Julien Temple.

Joe Strummer: The future is unwritten (2007) de Julien Temple.

El mural de la foto se encuentra en Nueva York en la pared del bar Niagara.

Muchas reflexiones surgieron después de ver esta película. Joe Strummer conquistó en su extrema obra la justificación sobrada de ser un grande en la música. Dio a entender a los jóvenes y seguidores, con su talento y con sus mensajes sociales, la inconfundible fuerza del rock y la revolución. Su pasión y consciencia de las cosas le llevaba a la brecha de las nuevas propuestas de interpretación del mundo. Su desaparición fue un mazazo de profunda amargura. Joe parecía habernos enamorado y sus canciones acabaron haciendo mella en nuestros corazones.

 

Enlace película:  http://www.youtube.com/watch?v=uSbdamWv2Ts

Sinopsis:

“Un retrato de la vida y la obra de Strummer a partir de una amplia recopilación de material que abarca conversaciones y entrevistas inéditas con muchos de sus viejos amigos, componentes de grupos en los que estuvo y famosos, como Bono, Red Hot Chili Peppers, John Cusack, Johnny Depp o Martin Scorsese. Pasando también por sus actuaciones en vivo, algunas nunca vistas hasta ahora, o la recuperación de las grabaciones originales de su programa de radio para la BBC". 

Joe Strummer: el futuro no se ha escrito | Director Julien Temple

Irlanda, Reino Unido | 2007 | 123′ | Color

Director de fotografía: Ben Cole

Guión: Julien Temple

Sonido: Sandy Fellerman

Música: Ian Neil, Steve Isles, Amanda Stree.

"Redemption Song" Joe Strummer & the Mescaleros.

Viejos piratas, si, ellos me robaron
y me vendieron a barcos mercantes
minutos después me sacaron
del agujero mas cruel
Pero mis manos se hicieron fuertes
por la mano del todopoderoso
nos levantamos triunfalmente en esta generación
Todo lo que siempre he tenido son canciones de libertad
nos ayudas a cantar estas canciones de libertad?
Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras.

Emanciparte de tu esclavitud mental
Nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes
No tengas miedo de la energía atómica
Porque ninguno de ellos puede detener el tiempo
Cuanto tiempo más mataran nuestros profetas
Mientras nos quedamos mirando a otro lado
Alguien dijo esto es solo una parte
debemos también nosotros escribir en el libro

Por que no ayudas a cantar, estas canciones de libertad
Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras,
canciones redentoras, canciones redentoras.

La vaca.

La vaca.

La vaca que poseemos me dice que los sonidos que escucha en el prado van dirigidos a entretener a las cabras. La cuestión la percibo por el lado más complicado. Me pregunto si la vaca, minoritaria, ante el número variable pero más numeroso de las cabras no estará celosa en mis promovidos paseos por las tierras altas del valle. A veces, cuando me encuentro en los antiguos terrenos ya baldíos en los que mis antepasados remitían todos sus esfuerzos a las actividades agrícolas, oigo el lamento lejano de nuestra vaca en la seguridad de un caso de rebelión vacuna. Conviene estar atento y no dar la espalda a tan descomunal animal. Las cabras les conviene mantenerse al margen y puede que se trate de una simple moda pasajera de la nuestra vaca y acabe esta, olvidando tan costoso estado para la convivencia común.

Esta tarde mientras regresaba mimetizado entre el verde paisaje, medía la distancia que me separaba de nuestra vaca y el nerviosismo creciente en mi persona. El encierro al que le somete mi padre a últimas horas de la tarde la convierte en más antisocial y su establo recuerda más a un penal que a una bucólica morada para vacas montañeras.

Lo que está instaurado en nuestra granja no está al alcance de los aires de grandeza de nuestra vaca y lo que parece un nuevo neoesclavismo animal está legitimado por las enormes dificultades que supone acomodar a todos los animales.

Mi padre todas las mañanas toca la flauta travesera y eso molesta a Berta, la vaca. Parece haber encontrado cualquier excusa para mostrar su malestar. Las cabras son más tolerantes y apenas se quejan sino en los días de lluvia cuando deben permanecer más tiempo encerradas. Aunque el que escribe, las más de las veces, las deja que campen a su aire, sin control ni disciplina.

La vaca no tiene ningún compromiso con el resto, se cree demasiado excepcional. No acaso tenemos que esperar a qué ella decida cuando la debemos ordeñar. Mi padre, que en sus circunstancias personales ya no está para esos menesteres, se refiere a este fenómeno de espera como fase de periodo especial. Cuando Berta da la pertinente orden por medio de un medio mugido todo el proceso se vuelve sistematizado: el taburete, el cubo de aluminio, el masaje de ubres previo y la loción sedante que empleamos los hombres de la casa para después del afeitado. Unos treinta y tres litros de leche doy de dato al intrépido lector.

Las cabras esta noche están tranquilas. Han dado por buena la atractiva visita a los peñascos del Torozo y buena cuenta de los endemismos vegetales de la zona. Posiblemente tendrán que esperar toda una vida para vuelvan a realizar una presente como esta, ya que en la experiencia de siglos está en respetar sosteniblemente la flora local. En estos análisis no depara nuestra vaca y si su olfato, que ha olido los heterogéneos aromas de las plantas de los riscos, mordisqueados por sus distantes vecinas. ¿Alguien se imagina que puede deparar todo esto?

Escalera al cielo (Stairway to Heaven).

En mi barrio “el Músico” se hartaba de tocar esta maravilla. Era un tipo desgarbado, rubio, con pinta de “músico” británico. Simplemente era la primera guitarra eléctrica que veía y quedé estremecido. Cuando el Domin, otro personaje con aspiraciones musicales, se puso a cantar ya fue inevitable... seguir la senda de estas grandezas imperiales…Led Zeppelín.

 

Barack Hussein Obama

Barack Hussein Obama

Comienza un tiempo nuevo. Hemos esperado ansiosos la victoria de Barack Obama este 4 de noviembre y ya ha llegado el cambio. Muchas expectativas están levantadas como ha sucedido en otras ocasiones. Obama representa la transformación arriesgada de la gran potencia militar y económica que es Estados Unidos en un mundo más justo. ¿Será posible?

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Saturno devorando a su hijo (1819-1823).

Saturno devorando a su hijo (1819-1823).

Hoy hablando con Waity en referencia a una exposición que hay en el Museo del Prado “Entre Dioses y hombres” de esculturas traídas de la ciudad alemana de Dresde hemos comentado qué cuadro más nos impresionó cuando fuimos al Museo del Prado por vez primera.

En el deambular sin intenciones como era mi caso, con pocos años de edad, en la práctica contemplativa de mirar sin ser capaz de entender me detuve ante este cuadro de Goya, “Saturno devorando a su hijo”. No entendía nada cuando leí aquel cartel al pie del cuadro: “…devorando a su hijo”. Me fijé en esos ojos extremadamente abiertos y en el efecto que me impresionó profundamente: la boca abierta de la que colgaba el brazo del infeliz retoño. Era tremendo. Iba acompañado de mi padre, a lo que me preguntaba si podría él transfigurarse en Saturno y devorarme a mí también. No hubo más búsqueda, por mi parte, de más territorios inexplorados en la pinacoteca. Salí ensimismado ante el hallazgo macabro y esa noche la pasé mal.

En posteriores visitas, sigo sin poder conectar con el cuadro y la impresión que me causó de niño mantiene mi recelo, lo que me alienta a admirar a Francisco de Goya. En definitiva, la angustia de la existencia.

 

José Antonio Labordeta e Ixo Rai.

José Antonio Labordeta e Ixo Rai.

En este país donde se cruzan nuestras vidas acabamos coincidiendo. En fricción constante se producen motivos suficientes de encuentro que transforman los diferentes proyectos en puntos de unión. Eso les pasa a Ixo Rai y a José Antonio Labordeta que se refunden en estos versos para ser recitados.

Con Aragón me unen muchos afectos y recuerdos. Sus gentes tratan bien a los forasteros y su geografía se muestra sin la sofisticación de determinados paisajes españoles.

De José Antonio Labordeta guardo una admiración fascinante. Está repleto de superaciones y sentimiento. Su deambular por la existencia cruza por diversos territorios, desde la televisión hasta la política donde reflotó ciertas amnesias colectivas. Escucharle, leerle o en cualquier otro proceso de manifestación personal nos permite acceder  a imprevistos paisajes, a bellezas de palabra y obra que no se diluyen. Creo que Labordeta es un poeta que quiere contar, que nos sobreviene trágicamente en estos difíciles tiempos vacíos. Si accedemos a su desierto político lo entenderemos, un camino destruido. 

 

Polvo, niebla, viento y sol
y los coches de la Opel.
El Ebro guarda silencio
y el pueblo que abandoné.
Una batalla en Belchite,
la "Tierra" de Mirambel,
bajo cero en Calamocha
y esa mina que enterré.
¡Cómo esperas que te quiera
si esto no da más de sí!
¡Como voy a abandonarte,
y el mar tan lejos de aquí!
La vergüenza de Iberduero
las gentes de Chanobas
unos que fueron "ta Franzia"
y una gaita "pa bailar".
"Os tiones d´a montaña"
y "a bergueña de charrar."
"Les coques de Casa Chordi"
y la "francha del llevant."
¡Cómo esperas que te quiera
si esto no da más de sí!
¡Como voy a abandonarte,
y el mar tan lejos de aquí!
Unos marroquís de Fraga
y el golazo de Nayim,
"los negros del baloncesto"
y un gitano de Oliver.
Las olimpiadas de Chaca
la "obra" de Torreciudad,
la macrocárcel de Zuera
y aquel túnel de Canfranc.
¡Cómo esperas que te quiera
si esto no da más de sí!
¡Como voy a abandonarte,
y el mar tan lejos de aquí!

http://www.youtube.com/watch?v=7_AG-jXLYq0

Agrupación Deportiva Plus Ultra.

Agrupación Deportiva Plus Ultra.

El primer partido de fútbol que me llevó mi padre fue al el antiguo estadio de Arturo Soria dónde jugaba la Agrupación Deportiva Plus Ultra en Tercera División. Pudo elegir entre el Real Madrid o el Atlético, los dos grandes de la capital, pero se conformó con llevarme al estadio que estaba más cerca de nuestra casa. Recuerdo el uniforme azul y pantalón blanco  que vestía el Plus Ultra y el del otro equipo, el Zamora, a rayas rojas y blancas y pantalón azul. El resultado creo que fue 5-1 y en aquellos años el fútbol, como ahora, era un verdadero fenómeno social.

No olvidé nunca aquellas sensaciones de ir al campo de la mano de mi padre y presenciar a un público mayoritariamente masculino volcado con pasión en su equipo. Entonces la Tercera División era más importante y por lo general, los estadios y campos de tierra de categorías inferiores, se llenaban de hinchas de las clases populares. No creo que entendiera lo que estaba sucediendo pero ver aquella asistencia masiva de espectadores, realmente incidió en mi imaginario. También el ir acompañado de mi padre y la seguridad de su presencia me trasmitió aquel sueño por el fútbol. Con los años iría algún partido más con él, no a muchos, y los recuerdo de manera concreta. Cobran vida cada vez que le recuerdo al “viejo” la intensidad de lo narrado, el buen fútbol y las inmejorables tardes que tanto despertaban mi interés. Mi padre siempre se quejaba del precio de las entradas y salve decir que la mayoría de los partidos que vimos fueron trepando la valla del campo del Destino para colarnos a ver al Periso o al Cátedra en el fútbol regional. En definitiva, tiempos que no volverán.

Asuntos nocturnos en la escalera del portal.

Asuntos nocturnos en la escalera del portal.

Es de noche, acabo de llegar de la calle, vivo en un segundo y he tenido que bajar a por unas cosas al coche. Cuando he salido al portal he tratado de no hacer ruido ya que en casa había alguien durmiendo. Por un hábito consustancial, las escaleras las he bajado silenciosamente. Casi estaba llegando a la planta baja cuando he notado ruidos en el descansillo donde están ubicados los buzones de la finca. He de señalar que por antigua vicisitud del anterior presidente de la comunidad, el interruptor de las luces del portal se enciende y apaga automáticamente, por lo que las personas implicadas en este relato no se percataron de mi llegada.

A media escalera entre el piso primero y la planta calle, me he asomado por el hueco de la escalera y allí, pertrechados contra la pared, he reconocido al vecino del tercero en la deliciosa y ardiente posición de tener presa a una dama por la entrepierna y por la extensión de un abrazo cargado de veleidades seductoras. De los pocos afectos a los que tiene acostumbrado a su señora esposa es harto reconocida entre la concurrencia de la vecindad, así que me ha parecido rara esa arrogancia tan sedienta de las delicias del cuerpo. Ante esta anécdota y ante la imposibilidad de volverme atrás he recurrido a toser ligeramente para que los amantes se interesaran por mi presencia. El presenciado se ha dado la vuelta y bajo su barba de chivo me ha correspondido con una amable sonrisa acompañada de una coreografía de tics. Inmediatamente he reconocido lo que con frecuencia ocurre en el mundo, el procede irracional de la especie humana. La señorita de este fugaz encuentro con el barba-chivo era la profesora de baile del sexto, veinte años más joven y como desmerito, casada hace un año con un viudo inmisericorde. No he tenido más remedio que dar las buenas noches en esta irrupción involuntaria. La señorita ha girado la cabeza compulsivamente y he visto su hermoso cuello sellado en el baño del amor y el seductor infiel retratado ha seguido sonriendo en su necesidad de dar normalidad al asunto.

Cosa he de decir que salí del portal sospechando si lo que había visto había sido producto de mi imaginación o no, y hasta choqué con un viandante nocturno que había salido a sacar a paseo a un perrillo negro. Hice tiempo esperando que los amantes discernieran tranquilamente y retorne nuevamente al portal, no esperando encontrar, esta vez, a nadie.

Cuando abrí la puerta y ya introducido note la presencia del vecino que me chistó por lo bajo. Estaba solo y las lágrimas crecían por sus mejillas. Me rogó que no contase nada a nadie, ni a mi propia mujer y me ha ofrecido dinero, su propia ganancia mensual, a cambio de mi silencio. Ha prometido enriquecerme con tres mil euros y se ha opuesto a continuar con la relación con la profesora. Su genio se ha venido abajo cuando desde el descansillo del tercer piso su mujer le llamaba por su nombre.

“No te preocupes, que no sé de que me hablas. Mis ojos nadan han visto y ni un punto me enriquece esta historia. Guárdate tu dinero y de tu conciencia, échale valor y espíritu y corre a responder a tu mujer que te llama”. Con estas palabras di por zanjado el asunto y he pensado que sería cosa cuerda que en la próxima asamblea de vecinos se volviera al antiguo pulsador “analógico” para dar la luz en la escalera del portal.

"Para la libertad" de Miguel Hernández

"Para la libertad" de Miguel Hernández

Perdido en este mundo leo a Miguel Hernández, definitivamente resuenan los versos y nace una herida. Escucho a Serrat que se adentra en esta pesadilla de canción, tan vecina a nosotros y que tanto conmueve.

Serrat ejecuta los versos de dimensiones astronómicas. Impresionante poder.

Me imagino la vida de Miguel Hernández pasar, impasible ante la miseria y omnipresente en la lucha. Surgen entre estas notas la volcánica precisión de las palabras y la música. No puedo evitarlo. El fuego me prende el corazón.

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

María Teresa

María Teresa

Hoy he ido a visitarte.

Como desde hace cuarenta años. Nunca te he olvidado.

No te he conocido pero siempre has estado presente entre nosotros. Siempre creí que, algún día, aparecerías con una sonrisa y me darías un beso. Desde el momento más nostálgico del pasado recuerdo el olor a tierra y la frustración que me causaba no encontrarte. Las lágrimas me inundaban como una historia de amor sin principio, como la sangre de una herida profunda en el corazón. Como está tarde que he llorado escondido entre cruces de piedra y las escrituras marmóreas arrasadas por el tiempo.

Y no te conozco. Mientras… reposas dormida desafiando al propio tiempo.

Tu camino lo buscaré en el más allá cuando mis fuerzas decaigan, escucharé tu llanto que no recuerdo y tu risa eterna. Sin empezar, sin empezar…a vivir, te fuiste. Me dejaste solo sin saberlo, aterrado por aquel instante decisivo.

Me das sombra en este recorrido desesperado por salir del desierto omnipresente, transito la geografía abrupta del tiempo a pasos agigantados y veo extinguir las innecesarias riquezas. Resisto a reconocerme abandonado por la distancia entre nosotros, por tu poder escondido en ese amargo e incomodo nicho cuidado por una madre inmensa. Mientras exista, no hallaré donde poner los ojos sin enorgullecerme de estos cuarenta años.

Te quiero como te quiere nuestra madre. Te fuiste en la nada, como aquel fantasma que esperaba en la penumbra de tu infancia. En unos años no serás un recuerdo, no serás invisible y encontraré tus huellas.

Splass

Splass

Aquellos años uno los puede examinar en lo que tiene de virtud el redescubrimiento. En los años 80 del pasado siglo, Splass era una Disco-Bar que estaba situada en la calle Galileo. Allí desembarcábamos los jóvenes sobre un terreno formado por cubos de colores, apilados en escalones. Al sitio había que llegar bajando unas escaleras, creo recordar un guardarropa, y a continuación aparecía un pasaje que comunicaba con la sala del baile que se encontraba al otro lado. En estos escenarios se podía echar cuentas de una fauna increíble. Siempre me recordaba al Bar de “La Guerra de las Galaxias” donde concurrían seres de otros mundos. Aquello era un escaparate insólito. Había que ser diferente e ir a la moda del grupo al que pertenecías. Aquello formaba parte del proyecto común del ecosistema “moderno”.

Las colecciones de tribus que desfilaban por allí eran sorprendentes. Por entonces, tenia unos amigos que éramos inseparables. Nos entremezclábamos entre la lírica de los siniestros y el laberíntico mundo after-punk y mod. No había pistas fiables ni consolidadas pertenencias. No existían jerarquías ni alianzas. La gente pululaba por el Splass y hacían acto de presencia en la pista de baile cuando sonaban las canciones de “The Cure”, “The Smiths” o “The Pil” de Johnny Rotten. Diríase que estábamos extraviados hasta que sonaba nuestra canción favorita.

Nuestros “enemigos” eran la gente normal de la que renunciábamos con nuestra indumentaria. Éramos indiferentes a lo convencional. En una ocasión recuerdo a un par de amigos del barrio, fuera de esta cultura de expresión, en el Splass. Llegados a este territorio de la otra realidad, treparon por los cubos y encaramados en su pasajera elevación se postraron a observar exclusivamente, a percibir los valores reivindicativos de las imágenes ideológicas de la concurrencia. La legibilidad en ese ambiente de penumbra incidía en su imaginación y salieron sin decir nada, con toda una carga de sensaciones inolvidables.

Por entonces en Madrid existía una cosa llamada “la movida” que despertaba y motivaba a la gente a dar con otras maneras de entender la cultura y la evolución de la sociedad. Madrid era un lugar intensificado y de una atmósfera hirviente. Vivir en aquel hervidero mereció la pena como peripecia individual.

Splass era un reflejo de esos años. Era un lugar apropiado y razonable para comunicarnos los jóvenes. Allí establecí vínculos en torno a la gente como yo. Allí fue posible la existencia a partir de nosotros mismos, de formar parte de la juventud rebelde. El lenguaje propio lo poseíamos y también, la alegría de vivir, de lo que nada resultaba aburrido.

El camino diario.

El camino diario.

Todo pasa en este nuevo cambio de rumbo. Me acompañan las luciérnagas y las canciones del ayer. La belleza me holla por los cañones aún oscuros de la urbe. Pedaleo al compás de los semáforos cerrados, en el automatismo encerrado de la cadena y el piñón. Cruzo veloz por los volcanes incesantes que descubro en cada mirada inhóspita. Llego oculto entre joviales estudiantes y oficinistas sofisticados al carril-bici. Ya estoy en mi suntuosa brecha asfaltada, cubierto de polvo y símbolos fosforescentes, una recta tecnológica sin fin para mi bicicleta. Crecido me hallo inmerso en un bosque de cartográfica precisión, me lanzo azaroso en el incierto viaje. El último viraje en Alcalá y penetro en el parque del Retiro. Dejo atrás la literatura ilegible de los automóviles, los cruces fracturados de los peatones. Conservo el aliento extenso de la mañana y arrastro una multitud de devotas partículas infinitesimales. Acabo mi viaje diario de trece minutos.

 

Spot en TVE. Picota del Jerte.


SPOT Picota del Jerte from El Auriga Producciones on Vimeo.

El viento de Extremadura sopla desde hace años del mismo modo hasta el punto de subir leve a la meseta. Es imposible barrera que le detenga o invitarle a creer en el cese de su importancia. Conducido como por esas ráfagas permanentes propias de los vientos dominantes trae pura luz del Suroeste, si me permitís a un viento engalanarle de lucida referencia.

El Auriga extremeño acompaña a ese viento libre de trabas.

En cualquier parte nacen las ideas, las tendencias, las historias, los proyectos. Rodrigo Rivas es un ejemplo. Un cineasta extremeño sujeto a la tierra como una yedra y que se relaciona con el mundo como avanza la yedra, cubre trayectos y va creciendo a medida que avanza. A Madrid deseaba que llegasen las rachas incesantes de esa tierra. Quería abrazar esos fragmentos de exhaustiva selección de realidades. Cualquier forma de manifestación era válida. El trabajo de Rodrigo lo he visto en TVE, se trata de un spot.

Turbulencias, en todo caso, inquietantes. 

 

La historia del dueño del Video-club del barrio.

La historia del dueño del Video-club del barrio.

Cuando me cambié de barrio todavía existían los Video-clubs. Esos lugares bien cargados de películas VHS y Beta en estanterías hasta el techo. Eran locales esenciales, de ensueño. El mundo del cine domestico en una gama extensísima de títulos.
El sitio que me ocupa era un local semisótano de los que muchos aseguraban ofrecía una variedad de películas sin competencia. Llegar allí tenía miga e ingresar como selecto socio venía acompañado del aval de dos socios antiguos. Yo avalé a un compañero de trabajo que se fue a vivir cerca, no le sirvió de nada. El dueño del Video-club desestimó su solicitud. Necesitaba dos avales.
El local, como lo describiría, era lúgubre, exótico, recargado hasta la saciedad. Cuando alquilabas una película, te llevabas la cinta y la carátula original. Los comentarios cinéfilos del encargado eran reconsideraciones de lo que por allí se manifestaba. Había casi siempre pequeños corrillos que apreciaban lo que llamaríamos cine de segunda. Largas conversaciones describían minuciosamente temas pésimamente conocidos y las escenas fundamentales de Rambo, Bruce Lee o Indiana Jones alegraban a los expedicionarios que aparecían por detrás de las estanterías repletas. Por fuerza, las carátulas enseñaban el lomo y no la portada, al estilo Blockbuster, con lo que encontrar un título era tarea azarosa. Así, me perdía muchas tardes en aquel Mare Mágnum inmenso.
Han pasado unos años y el Video-club cerró. El Blockbuster de la plaza también cerró. Hoy acabo de alquilar una película en otro pequeño Video-club, reducto de lo que fueron estos negocios. Lo hago por contribuir de un modo sostenible al mantenimiento de estas rarezas actuales en peligro de extinción ante tanta descarga salvaje. Tengo físicamente mi película en casa, en soporte DVD.
El dueño de aquel viejo Video-Club hace meses le reconocí por la calle. Me abre la puerta cada vez que voy a comprar al supermercado DIA del barrio. No trabaja, quizá acuciado por la actual crisis o por algo peor. Siempre saco algo de suelto de los bolsillos cuando termino la compra, le doy alguna moneda y encarecidamente las gracias cuando me abre la puerta del establecimiento. Todavía tiene la sonrisa de los viejos cow-boys de los Western de antaño.