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el rayo verde

Adiós.

Adiós.

Se acabó. Se cierra esta estancia, así empiezan otras aventuras. No encontraba ya más sentido a escribir aquí, la experiencia interior está saldada. Me interno en otras historias, en otras búsquedas, en esos dos pequeños locos que surgen tan de cerca y que difuminan la idea de mi yo. Mi desencuentro con el rayo verde ha terminado.

Un sincero abrazo.

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LOST IN SPACE.

LOST IN SPACE.

Después de estar por la mañana en la Sierra y ver el Peñalara, esta tarde entre varias opciones… echar mucho de menos a Logan y Thor. La felicidad es bien sencilla, el Amor en casa.

Iba al cine dispuesto, me disponía a entrar y me ha dado pereza. Me he vuelto a casa en Metro tras el intento infructuoso de hacerlo a pie. Sin darme cuenta, he pasado por aquí (foto). Tantos años han pasado… Aquí estudié …, viví intensamente y se acabó un ciclo. Aquel mundo ya está suspendido en algún lugar de nuestra memoria o del olvido de los que allí estuvimos. Todo se oscurece en este mar, los amigos, las amigas, los viejos profesores, las revoluciones. Que despiadada es la línea recta del tiempo.

 

El patio Maravillas.

El patio Maravillas.

Deambular por las calles, en esencia movimiento. Los personajes de la calle de La Palma afrontan un suelo con más pendiente que ternura. Llego consciente al Conde Duque con lo que interesa a un paseante como son los reflejos de la realidad. Unas cuantas exposiciones incoherentes en un decorado en obras jalonan la fachada. Espero. Una plaza cuadrangular da respiro a unas calles abrasadoras, unos olmos siberianos, un perro pequeño y unas terracillas de verano repletas de sentimentales modernos. Aparece La Rubia que me bombardea con su sonrisa, permanezco en unos bancos individuales extraños. Una experiencia. Descubro un sonido celular. "Estamos llegando", son Peter y los suyos. La Rubia y yo decidimos sentarnos a esperar en la terracilla de la camarera aséptica. Más allá un mundo de piernas y finísimas telas. En el otro lado, espera un señor con sombrero. Aparecen Peter y aquel universo. A Charlie no le veía desde una impuesta infelicidad en su familia. Al rato, aparecemos por la calle del Acuerdo y aquí tenemos una experiencia lúdica. Las impresiones son perceptibles. Se trata de una casa okupa, “El Patio Maravillas”. Entramos a tan sugerente lugar, transformado en un polivalente edificio. Alcohol, música, cine, talleres…un paisaje extraño y gente ... Ahí está la frontera, el blanco y el negro. Asomados a la azotea un par de barbudos gritan, los murales son bravos, la música idónea y una pareja de jóvenes sostienen a un bebé precioso. Dos tercios, una sin, un vaso de vino y un refresco, seis euros. Un inhabitual haciendo de camarero en un espacio autogestionado nos explica. La música cambia a locura de ruido. El patio bulle, sigo viendo a tipos con crisis existenciales y a anarquistas. La mamá del bebé es muy guapa, sonríe sin actuar. Un muchacho indistinguible conversa con una muchacha pelirroja, se dirían que alcanzan un alto grado de composición escénica. Entre los habitantes y los espectadores no existe la posibilidad de equivocarse, se fragmentan por las razones misteriosas que les han llevado hasta aquí. El patio parece una trinchera, una bicis encadenadas a las rejas y las trazas de frases revolucionarias lo dan forma. Es una trinchera. Cuando abandono el lugar, abandono el experimento vinculado al romanticismo. Como alguien dijo, "a algunos ilumina y a otros quema".

Cumulonimbos.

Cumulonimbos.

Los Cumulonimbos en tierras manchegas el pasado Domingo.
Ando ahora por culpa de una de esas especiales transacciones privadas metido en los algodonosos límites de las nubes y la busqueda de la permanente gloria en el trabajo. Con la cámara en ristre, disparo a cuanta nube que delata cierto Arte de la Naturaleza. Se juntan como en las corrientes ascendentes de aire cálido y húmedo, lo que descubro y lo que ocurre realmente en mi cabeza.
Una confluencia de experiencia estética y un implacable camino. ¿Dejaré la ciudad? se abren nuevos paisajes muy potentes y nuevas fronteras ante una nueva perspectiva. ¿Qué efectos geofamiliares tendrá el marcharme de Madrid? Es pues una proposición abierta, tanta como la efervescencia de estos cumulonimbos levantándose en desafío.

Retenciones en la Autovia A-3.

Retenciones en la Autovia A-3.

Esta noche que volvía sólo, una monumental retención en la Autovia A-3 me ha hecho llegar a altas horas y exponerme a “La Transversal”, un programa de Radio Nacional que entrevistaba a Lara López, actualmente Directora de Radio-3 y, parece ser, fundadora del destacado espacio incalificable.
Me han despejado del sueño por el camino y tanto que ahora, escribo a este respecto. Vengo a cuento de esto, por lo que se vaga con frecuencia con la mente, ya escuchando la radio, ya tomando una cerveza, ya en la cama, ya dónde hay algún rastro de fantasía.
Venía escuchando los incongruentes temas que hacía gala el presentador de tal programa y cómo iba pronunciándose al muy infiel oyente de mi persona, bla, bla, bla… una voz melodiosa y de gran énfasis que, a su vez, concentraba una cadena de comandos inequívocos, enviaba su convencido mensaje. Mientras, la completamente contenida Lara López, se deja llevar y cuenta, con gran enganche, las historias del nacimiento de “la Transversal” en aquella atmósfera primigenia de hace 100 programas. Su voz y la ausencia de imágenes me hacen imaginar… delante, una exposición de luces de freno, matriculas y 22º de temperatura exterior. Con la ayuda de esa sed de sexo que este verano me tiene acostumbrado Waity, por esos espacios comunes con la familia política y con la mía propia de por medio, los niños por acullá y luego, esa jerga inhibidora a las que da luz verde las situaciones referidas… me imagino el trasero de Lara en una de esos ensambles incorrectos políticamente pero válidos llegando al kilómetro 56 en la soledad del habitáculo del vehículo. Bien creo que será fascinante por ese tono de voz y sin abandonar el terreno, el resto de las esencias. En buena medida, pongo en juego toda la carga tópica en las referidas situaciones y con la mirada perdida, divagaba. Y en este escenario con el coche parado en la vía, me encontraba hace un rato. Disparatado episodio. Mañana, la retención nocturna quedará disipada como en esos anuncios publicitarios que inundan las televisiones.

Faraón (1966) de Jerzy kawalerowicz.

Las líneas del espacio infinito. Desde el punto de partida hasta la cámara funerarias, origen de la vida eterna para los egipcios. Ya comentada, dejo aquí esta procesión Real del film de Jerzy Kawalerowicz que he encontrado en la red. Majestuosa y con trasfondo social.

comentario de Faraón.

Varios gin-tonic.

Varios gin-tonic.

Cayó una borrachera esta noche después de tanto tiempo, con Tommy y un viejo amigo perdido allá en el huerto claro donde madura el limonero. Los aparecidos efluvios espirituosos se abocaban por la garganta cual arroyo romántico y nos liberaron de forma temporal de nuestros problemas, la ginebra despeñada a lo Emerson Fittipaldi corría al trasfondo de los sueños. En la noche traicionera quedé expuesto a mi pura ignorancia, a la aventura y a la alejada juventud que daba sus frutos en escapadas de amores locos. Y en este aliento vital, el alcohol separa las miserias, los momentos de brillantez y nos convierte en dicharacheros defensores de causas perdidas como la acontecida.
El amigo venido del Sur viene con su mujer de allí mismo, es de las de derechas convencidas y destinataria, por otro lado, de lo que tanto amamos los que respecto con tanta creencia como fe tenemos. Está embarazada. Y entre tantos extendidos de felicitaciones y demás, de conversaciones almodovarianas y bolivarianas aparecen las ganas de hablar a trompicones con esas invenciones que el delirio impone a los ebrios y de esas de seriedad manifiesta en los sobrios. Ella, por supuesto, no bebe y su "lucidez" es mentar la política, en mala hora, y considerar dictadura a la cubana. Sea como fuere, debo considerar que tal dictadura política no es tal, en clara advertencia a que el concepto de democracia resulta mucho más complejo de lo que apuntan algunas perspectivas. En fin, mis compañeros carecen de prejuicios ideológicos y nuestra bella dama se queda sola en este punto no sin pequeñas apreciaciones en diferentes sentidos. En su hilar osado sale en defensa más tarde de la derecha española pero sin mucha intención artística ya que defiende a nuestro anterior Presidente de Gobierno, en otro golpe de efecto, y para ello lo hace desde la perspectiva de lo que nos han querido pintar estos últimos años conocidísimos tertulianos: la regeneración de España después de tantos años de felipismo y que la victoria de ZP fue gracias a la manipulación que hizo el PSOE de los atentados del 11 de marzo. No resisto al invasor reaccionario y a tantos progresos de la España atrasada ideológicamente, abandono esta vertiente doctrinaria y federicana. Me fijo pues, en la variedad tipológica de los individuos de esta taberna irlandesa que fluyen alcohol y captó conversaciones menos sugerentes. El dueño mientras, un tipo bajito de pelo lacio y largo, tiene echado el cerrojo y la sonrisa sempiterna de un abigotado satisfecho por la recaudación de la noche. Aforo completo. Nuestra destacada amiga pasa a otros temas, el resto de la conversación se torna amistosa y reúne ciertas particularidades sinceras que la revalorizan enormemente. Luces hay a pesar de esas radicalidades y el desarrollo narrativo de nuestra amiga se vuelve reconfortante ante la ausencia de destellos aznarianos. La conversación ha trascendido por esa vía de la melancolia y de años heroicos. Todo acaba con esos relatos de lo que hemos vivido realmente. Mi emblemática salida del Irish Pub llega a eso de las 2 y media al hacer gala en mi estomago el matarratas que he ingerido y me despido para accidente del relato. Mañana me espera una resaca acojonante.
(foto de Amecha)

Happy People Dancing on Planet Earth.

Happy People Dancing on Planet Earth.

Gracias a la lectura de un blog y de Koldo, os cuelgo este video. Lo he puesto en casa y todos hemos acabado bailando, dando brincos y volteretas…provoca alegría y divertimento asegurado.

Os dejo el link: Happy People Dancing

 

Susurros.

Susurros.

Guillermo me tenía hasta los cojones. Ese tipo regordete chiflado me la iba a liar parda y así fue. “Bueno, no te preocupes, ya pasará” me decía mi mujer.

Guillermo era educadísimo cuando gesticulaba pero en el ten con ten era desatinado mantener una conversación medianamente correcta. La distancia física que separa su barriga y su flojo tono de voz, me abocaba a perder información por el camino. Intentaba agudizar el oído pero con la carraspera insistente de Guillermo también hacía muy difícil cualquier autoexigencia auditiva. “..el próximo lunes…en casa de Yolanda…sss…morir en la bañera…”, caray, que habrá dicho. Le pedía, por favor, me repitiera,”…pasa a Yolanda…ssss…bañera”, nada. No me atrevía más, me creaba ansiedad. Porqué cojones no hablaba más alto.

En la cafetería cuando nos reuníamos el grupete de la asociación, nos inclinábamos a la mesa a captar esas longitudes de onda inverosímiles que rebotaban en la mesa de mármol. Nos enteramos días después de la muerte de su padre tras una compilación de conversaciones y por teléfono... era igual, parecía que estaba lejos, muy lejos.

Un día llamó mi mujer al local y Guillermo que andaba por allí, cogió el teléfono. Cuando regresé, me dio el mensaje. No me enteré que había llamado mi mujer, que se había puesto enferma y que, por favor, recogiera yo a los niños del colegio. Cómo lo iba a saber si no le oía y no sé leer los labios. Todo lo que hice fue sonreírle complacientemente mientras emitía silabas imperceptibles. 

 

La chica del ascensor.

La chica del ascensor.

Por motivos ajenos, parte del personal de mi trabajo nos hemos tenido que mudar. No sé lo que tardaremos en volver al Oasis de antaño. Atrás dejo el esplendor de lo que era un marco incomparable, casi en la mismísima naturaleza, y se empieza a cocer otro caldo con más coches y polución. Las nuevas oficinas están en la zona de Nuevos Ministerios y ahora, utilizo un ascensor para acceder allí. La mañana del jueves pasado entro conmigo una señorita en dicho elevador, rondaba mi edad y, a mi entender, era bastante atractiva. Presionó el botón de la tercera planta y en una inconcebible decisión yo no apreté el botón que correspondía al 5º, que es dónde están nuestras nuevas oficinas. En el trayecto definido me desconecté de la música de The Who que iba escuchando y ella se organizó su larga melena. En ese momento llegamos a la planta tercera. Ninguno salimos, estuvimos un instante mirándonos y probé, ya que ella no iniciaba la maniobra, a tocar en el cuarto, por error del subconsciente. Rápidamente llegamos por supuesto, yo no tenía ningún motivo para descender allí, de modo que espere a alguna iniciativa por parte de la chica. En esa ausencia de movimientos y de pocas palabras, no había elementos que entorpeciesen ninguna opción deseable pero no ocurrió nada. El hecho de estar emparejado me hace renunciar a la mitad de la población y el consiguiente paso fue teclear el botón del 5º. Cuando la prepuerta de la caja se abrió, mi tendencia fue salir primero empujando la segunda puerta de afuera con la mano pero esta señorita, de manera explicita, me hizo saber que allí se bajaba también. Nos hallábamos en el descansillo y los efectos de este nuevo distanciamiento nos daban sensaciones de claudicación de aquella tentación estúpida. Entramos en la misma oficina, era una compañera de Servicios Centrales que no conocía. Me dirigí a mi mesa con esos dardos envenenados clavados en el corazón.

Ese señor de ahí.

Ese señor de ahí.

Esta fecha y ese partido de fútbol me ayudaron a encontrar el sentido a la vida, el brutal sentido que tiene cuando lo que más quieres casi se te va. Ocurrió durante El Mundial de Fútbol de Estados Unidos, el 19 de junio de 1994 y se estaba jugando en ese momento, el Bélgica-Marruecos. Mi padre sobrevivió a un ictus cerebral y en esa precisión cínica que te dan las desgracias, recapacité.
Hoy hemos comido juntos en Sigüenza y mi padre, ya se adentra en sus misterios. Lleva años abocado a fraudulentos silencios derivado de las secuelas de su enfermedad, se emociona con facilidad con cualquier gesto de buena intención pero es más producto de su extrema dependencia y su existencia, se halla alejada de la lucidez que en otros tiempos mostraba con el cálculo matemático o con la música.
Me ha trasmitido cosas y me hace pensar. En la memoria tengo el pasado con él, los buenos ratos que pasamos juntos cuando era niño. Ahora, mientras sonríe... me lo paso pipa. 

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¿Qué pensarán de nosotros la Humanidad del siglo XXII?

¿Qué pensarán de nosotros la Humanidad del siglo XXII?

Acabo de ver en TV, y decir que cada vez la veo menos, un programilla de esos que se llaman del corazón. Justo antes del Telediario de las tres de TVE. Me ha parecido raro observar a Elsa Pataki en una sesión fotográfica luciendo el palmito, frase por otra parte rara, rara, rara. El reportaje se refería a una sesión fotográfica de un famoso fotógrafo que disparaba sin parar su cámara digital con unas gafas de sol puestas a “una de las españolas más deseadas” y su próxima intervención de la inexorable en una película de Bigas Luna. Las poses eran las habituales en estos repertorios de marcado carácter sexista, mostrando sus encantos y demás “universos sensitivos”…  todo muy seductor. A continuación, otro reportaje, este de un desfile de mujeres muy guapas en parecidas circunstancias en una fiesta nocturna y con preguntas idiotas de por medio. Para rematar, un anuncio de coches con mujer objeto sublime. ¿Qué pensarán de nosotros la Humanidad del siglo XXII cuando vean estos enfoques de mujeres tontas e infantiles? ¡Qué primitivos éramos! La liberación de la mujer en esas atolondradas chicas es que se creen fuera del alcance de las vidas rutinarias, aceptando convertirse en meros objetos sexuales. Espero que el futuro sea precisamente otro, más normal. Una sociedad sin mediatizar por estupideces y sin envilecer a la mujer.

Historias pequeñas.

Historias pequeñas.

Yos me ha ayudado a levantar una escalera, al cielo, en la casa de la Sierra. Ha derribado un muro con una maceta de tres kilos y allanado un vano con tarima de pino gallego. Yos es mi hermano. Atiende de un modo inalámbrico a la sangre. Ha convivido esta semana con los parroquianos del otro lado de las montañas. Su innovación es principio y fin. Sus acciones habituales viajan hasta el infinito como en el mundo de las maravillas y retornan para cometer tentativas inverosímiles. Su implicación es evanescente y su cultura está más cerca de la relación cotidiana con allegados que con los vínculos interdependientes de la Aldea Global. Vive en un pueblo semihabitado de la Castilla profunda con nuestros padres, encadenado a la música compulsiva de los aerogeneradores y a la discreta heterosexualidad que impone la disciplinada demografía.
Le escucho cómo habla, colocando a golpes un taco de madera. Come algo menos de lo que le dicta su estomago y conversa con cierta extravagancia. Cómo rebobina en el pasado... cada uno lo capta como encontrando sus gustos y sus utopías. La composición de la vida… tan diferente, con aquellas manos desolladas por no querer utilizar el atornillador eléctrico, me parece no entenderle.
Inicia ahora su otro camino, algo confuso, de hombre feliz o casi, que no es lo mismo. Se ha ido definitivamente de Madrid.
El domingo terminamos la obra, a medias por falta de rasillas, y con la escalera de madera acabada. Empiezo a orientarme con quien nunca dudó en auxiliarme en mis proyectos iniciales y me dío todo. Han pasado los años de este modo de concebir nuestro tiempo y siempre estaremos juntos. Todavía le debo dinero, favores, hostias. La familia es algo que debemos preservar como nuestro destino.
Me llega un mensaje inesperado al móvil, es habitual la falta de cobertura en "X", ha fallecido el padre de London, un amigo reciente. Pienso en London y en esa ausencia de referencias que a todos nos van llegando.
Yos, cuida mucho a los viejos.

Europa, Europa.

Europa, Europa.

Bueno. Ya pasaron las Elecciones Europeas 2009. Mi amigo Peter dice que “los que pueden dar la vuelta a la tortilla se nos quedan en casa y que hay que seguir dando la brasa”. Los resultados están ahí, una Europa dominada sin paliativos por la Derecha y una Izquierda caída en el desanimo más áspero. Hace poco, la llegada de Obama causaba profundo impacto entre los progresistas europeos con aires de cambio, sin embargo Europa apunta hacía otro punto, el Conservador. 

Parece que el pasado fue mejor… los análisis personales que escucho, que leo, están centrados en la influencia perniciosa que el Poder tiene en los individuos que lo ejercen y en la naturaleza humana en general, siendo la conclusión final el desencanto habitual por la clase política y por ende, de la especie humana.

Así nos enterramos, se incrusta esa lógica predecible en nosotros. No vamos a votar o votamos con el miedo. Estamos más centrados en criticar pasivamente que en intentar cambiar las cosas. Es mejor que todo siga igual. La vida está llena de zancadillas y de putadas si, pero también de puntos de máxima intensidad y de momentos extraordinarios. Y eso exige un poco de esfuerzo.

Hondas reflexiones lleva la Humanidad haciéndose desde el principio de los tiempos y al fin descubrimos, entre el resentimiento y el dejar hacer, que no hay solución…  y qué encima, echamos la culpa a los políticos. Que fracaso de País y de Europa.

La poesía es un arma cargada de futuro.

La poesía es un arma cargada de futuro.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quién no toma partido
partido hasta mancharse.

(G.C.)

La Feria del Libro de Madrid 2009.

Todas las mañanas cruzo el parque del Retiro. Ahora están las casetas de la Feria del Libro de Madrid. Están cerradas, desiertas de gente y del repertorio de sandeces de algunos supuestos escritores y de sus supuestas intenciones solemnes. En otro orden de cosas, ahí están los seguratas de ¿Prosegur? y unos vigilantes y vigilantas, regordetes y regordetas, de amarillo que expresan profunda simpatía en ese noble destino que es custodiar los lotes de libros que los proveedores madrugadores depositan al pie de los mostradores.

Ahora hay muchos vehículos rondando y me aplico en tener cuidado en no chocar contra uno de ellos. Se nota que va llegando el verano, voy leyendo los carteles rojos y blancos de las casetas: “Fábula”, “El Corte Inglés”, “Antonio Machado”, “Visor poesía”…qué dificultad, que destino de trabajos, de libros, de sueños… Zafón anda por ahí firmando, Icíar Bollaín por acullá… luego hay otros… Victoriano Viñuelas, Javier Yanes, JuanMa Castaño, nombres tal vez ejemplos de maestros o rufianes pero que inconscientemente se diluyen en mi mente.

 

Todos los días reparo en unas fotografías de gran formato colocadas en unos soportes en el paseo. Voy con mi bici y en la proximidad descrita a esas vallas es como pasar hojas de una revista deprisa, algunos inválidos viejecillos como capones se plantean tareas más minuciosas y los tengo que esquivar. Cuando termino de recorrer la Feria, como cada mañana, esa larga serpiente de opiniones y testimonios, respiro, salgo de nuevo al pequeño mundo.

La vuelta, es al revés.  

Huellas en la niebla.

Huellas en la niebla.

Cuando dejo en ese camino embarrado mis huellas. Precedo a mi muerte. La duración del tiempo es tan inquietante y sutil… Los instantes de las primaveras se exilian para siempre en este inconcebible paraíso.

Hablo con mi madre últimamente como en esos múltiples trozos que un día deje de cultivar, entre lágrimas que recorren mi rostro impasible y mis más altas confesiones de amor por ella. Un puñado de recuerdos se agolpan entre las más de sesenta pulsaciones por minuto. Como parte cierta, en su progresivo deterioro, trato de escuchar con más profundidad, de hacerla llegar mis simpatías y mi extensión infinita. Por causa común a toda la esfera humana converso como  tratando de recuperar el tiempo perdido, de recrear aquellos momentos tan valiosos en los años perdidos. Su sueño era que su hijo la queriera. Eso si ha ocurrido. El resto son palabras y abrazos, besos irresueltos como cuando intentaba protegerme del inmenso peligro.

Incorporo a mi mente sus manos desconocidas con descripciones de la vida, de sus conceptos magmáticos. Recupero el olor del pasado que lleva consigo. Que extensa es. Su consagrada vida a su marido e hijos no la han amargado. Silenciosa, casi nada ha esperado de nosotros, solo lo esencial.

Escribo con la esperanza de unirme a ella en la oscuridad cuando llegue porque será así… y encontraré sus huellas en la niebla.

 

El marido de la Gemma Nierga.

El marido de la Gemma Nierga.

Entre las tareas hogareñas que realizo casi a diario me redimensiono cuando escucho la radio. Me permite no aburrirme. Lo hago durante el proceso íntimo de escuchar, en ese contacto con las tareas cotidianas o en las alternativas a la música o la lectura. En ese problema de conciencia que supone elegir una emisora, escucho a Gemma Nierga que mantiene una indispensable sonrisa cada tarde en “La Ventana” de la Cadena Ser.

Permite su generosa presencia, no solo el placer de comunicar ideas a una audiencia amable sino que crea  sensaciones favorables entre la concurrencia masculina en esas intervenciones radiofónicas aparentemente tan "etéreas". Su voz inspira conversión, cada posible palabra llega desde la geometría precisa, y al que admiro verdaderamente es a su desconocido marido que tiene el prodigio de vivir esa gloria inaccesible a diario.

En todo caso, sinceras felicidades a los dos.

 

 

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La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola.

La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola.

«Cuando veo a uno de esos pobres viejos, siempre pienso lo mismo: pienso que una vez fue un niño pequeño, que tendría un padre y una madre que le querrían mucho. Y ahora, mírale derrumbado en un banco callejero. ¿Dónde está ahora su padre, su madre, su familia?»

 

Este comentario de un personaje femenino de la película de Francis Ford Coppola me intrigó siempre. Esta reflexión simple e inocente me dejó en un estado de obnubilación.

“La conversación” es un thriller de suspense donde el espía profesional  Gene Hackman recibe el encargo por parte de un magnate de investigar a su joven esposa. Las escuchas sobre las vidas ajenas cobran la dimensión de traumas personales, de experiencias miserables. Se suceden diversas estrategias en ese territorio del espionaje secreto y se van desgranando las historias desde diversos puntos de vista. Lo particular está en peligro y los enfoques sobre las cosas se esconden y afloran como en todas las guerras humanas.

Esta conversación enarbolada al principio de este post me provocó desazón y una suscitada y permanente controversia. La observadora imparcial, desde la lejanía de una posición privilegiada, se percataba de la existencia de los “Homelessness”. Me conmovió sinceramente. Pienso en esa imagen sutil de un padre y una madre que quieren mucho a su hijo. En definitiva, en las mismas cosas que tu.

 

 

Acaba de morir Mario Benedetti.

Acaba de morir Mario Benedetti.

Aquella tarde crucé Madrid protagonizado por una mujer. George no me ubicaba. Quedábamos a escondidas. Cogí el 28 y las ilusiones se reflejaban en los cristales oscuros. Mare había llegado de Oriente esa primavera como una flor de cerezo. Nos conocimos gracias a George y vislumbramos las coordenadas eternas del amor a través de la imagen exclusivamente. Cuando nos pusimos a conversar un arco iris se desplegó. Amaba a Benedetti. Fuimos amantes.

 Habíamos quedado esa tarde y no sé porqué, me bajé unas paradas de autobús antes. Me apetecía pasear y estaba la Feria del libro en el Parque del Retiro. Recorrí el paseo principal dónde las casetas se hallaban asediadas por las masas de lectores. Algunos autores firmaban ejemplares y se producían extrañas conexiones. De repente, vi a Mario Benedetti. Menudo, encañonado por los diálogos de verdaderos admiradores y enfrentado placidamente a los diversos procesos que allí transcurrían. Con su trabajo, con su gente, con sus puestas de sol... allí estaba.

 En un esfuerzo mínimo me permití agarrar un libro de sus poemas y sosteniéndolo como pude, se lo acerque. “A Mare, por favor. Quiero se lo dedique a una persona sobre la que usted ejerce un raro poder abstracto”. Mario alcanzó el libro con la compresión de un arquitecto ante un arco de medio punto. Analizando rápido la petición y con la sensibilidad alargada a su puño, escribió algo sencillo. “Espero que su amiga comprenda”.

 Con ese tesoro bajo el brazo marché hacía el lugar de la cita, la iglesia de Los Jerónimos, muy cerca del Museo del Prado. Cuando Mare vio el libro sonrió, con la deliberada sonrisa de una musa. No tenía ni idea de lo que iba a ocurrir.

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