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el rayo verde

The Story of Stuff (La Historia de las cosas)

 

 

El servicio militar obligatorio.

El servicio militar obligatorio.

Cuando fui a Zaragoza a lo largo de un interminable viaje en tren, de los que se llamaban borregueros, quedé anonadado. Fui a hacer el servicio militar, trece meses y aparecí en una estación dónde ya había policía militar esperando a los nuevos reclutas. Con un lenguaje hilarante comenzaron a dar ordenes a todos los que bajábamos de los vagones y a formarnos en lo que era evidentemente un choque surrealista ajeno a todos nosotros. Aquellos momentos de incertidumbre me arrastraron como una corriente impetuosa a la vida marcial, insensible a la ternura. No faltaba de nada en este irremisible viaje, todo se venia abajo. Era una ruptura que alteraba mi futuro.
La propuesta militar era despertarnos de la torrija mental. El traslado en camión hasta el C.I.R. (centro de internamiento de reclutas) nos advertía de lo que pasaríamos el resto de nuestro tiempo durante el servicio militar. El sentimiento nostálgico se me estaba abriendo incesantemente. Recuerdo con restropectiva asombrosa aquellos momentos, cuando entré por la puerta del cuartel y la desgarrada severidad de los soldados veteranos que gritaban a lo lejos: ¡Quintos, vais a morir! La complicada vida se avecinaba en lo más recóndito e insensible de los mundos conocidos, tan crudo que contrastaba con la vida grata anterior junto a mis padres y hermanos.
Nada de esas primeras impresiones negativas se desarrollaron, por suerte. En la enfebrecida acción diaria de formar para comer, para dormir, para despertarse, para ducharse, y demás metamorfosis, nos íbamos igualando los reclutas como en una democracia a los sombríos personajes del oficio de tinieblas, instrumentos de la maquinaria militar. Adoptando otra dimensión que borraba nuestro domestico pensamiento y adquiriendo un nuevo ingenio para afrontar lo aparentemente banal y manipulador éramos números, el 13123. En medio, un mar de historias: pensábamos en nuestros familiares, novias, amigos, en los días que faltaban para jurar bandera, y en saber cuál sería nuestro próximo destino.
Durante cuarenta y cinco días el entrenamiento fue constante y sinceramente, no me llegué a incomodar con el Cetme ni con esta nueva supuesta faceta prosaica de aprender el himno de la Infantería. Se movían ciertas inquietudes en todos nosotros, algunas convertidas en absurdas certezas o en dudas metafísicas.
Los problemas sentimentales cohabitaban con nosotros, en la camareta hablamos de nuestras novias, nos acompañábamos a la ciudad a beber, demasiado unos y otros en contemplación serena de la realidad cotidiana. Algunos acababan en putiferios y los más deportivos se acercaban hasta la Romaleda a ver al Real Zaragoza o permanecían en la biblioteca del C.I.R. leyendo comics. Entre estas inquietudes supimos de nuestro destino, el mío en una compañía de Esquiadores-Escaladores, y la esperada jura de bandera acaeció.
La jura de bandera era un acto deslumbrante, solemne. Era el ejercicio principal de nuestra estancia en el C.I.R. antes de partir hacía nuestro destino final en el cuartel asignado. Solían venir nuestras familias desde toda la geografía nacional con una tradición imposible de imaginar en los jóvenes que no hayan conocido la mili obligatoria. Independientemente de nuestras convicciones éticas o políticas, el servicio militar era eficaz en transformar el lirismo de la juventud y en hacernos eco de muchas facetas humanas insospechadas. En contra de lo que mucha gente piensa, los valores de solidaridad y amistad estaban latentes en todos nosotros y aquí se expelían del bloqueo mental. Algunos no conseguían engarzar estas intenciones pero eso, es otra parte de la historia.
En el refugio de Cerler (Huesca) estuve parte del Servicio Militar, fue mi destino como soldado durante casi un año. La compañía de Esquiadores-Escaladores tenía allí su sede, pertenecía al Regimiento Valladolid 65 y sin grandes pretensiones, aquellos meses que pasé allí fueron agradables y exigentes en la medida justa, en lo que se denominaban los cursos de vida y movimiento en montaña y algunas guardias. Gracias a unos mandos optimistas, aprendí a esquiar y a resolver problemas en la montaña. Antes no conocía para nada este mundo, debuté ascendiendo a las cimas más emblemáticas del Pirineo y saqué ciertos conocimientos técnicos de las disciplinas alpinistas pero sobretodo, percibí a lo largo del tiempo que la naturaleza ofrecía un deslumbrante panorama y un inquietante intercambio de ensueños.
Recuerdo con agrado al Capitán Soroa, personaje genial, de frases tremendamente rocambolescas que eran una vía de escape a las tensiones diarias o al sargento Labisbal, un tipo sin imaginación pero respetado por la tropa por su gran corazón. El tiempo pasaba sin plantearnos el futuro y en la órbita de los espacios grandiosos del macizo de la Madaleta o del Aneto favorecían las conquistas constantes. Muchos nos interesamos por la Geografía generosa y olvidamos los besos robados a la enfurecida juventud. La expansión emocional crecía en los ventanucos de las garitas y las marchas a la frontera francesa ponían el límite a nuestras andaduras. Los gestos imprecisos del principio se tornaban en vitalidad insospechada y el reemplazo sobreviviente estaba preparándose para su final y se acercaba a ese oscuro objeto del deseo del soldado veterano. En este caso, el objeto de deseo era la “blanca”, como se llamaba a la cartilla que te entregaban cuando te licenciabas, cuando por fin salías como civil del cuartel.
Cumplido el cometido, el deber obligatorio, quedábamos preparados para reingresar en la sociedad civil. En la más conveniente sociedad civil.
Sin ocuparme en elaborar ideas antimilitaristas, el cometido y la importancia de los valores adquiridos en aquellos trece meses trenzaron ideas y criterios que no se disolvieron en mí, sino que me hicieron ser más convincente en la defensa del servicio militar como servicio público, sin disparates ni defensas a ultranza. Personalmente mejoré mi capacidad física, mi experiencia positiva. Puede que fuera un periodo en mi vida lleno de emociones subjetivas. Puede que entonces fuera un inconsciente pero tal vez, en algo me fue intenso y satisfactorio. No escogí pasar allí aquellos trece meses, pero dentro de la cuestión me vi de lleno comprometido con una nueva realidad.
A la hora de recolocar unas pertenencias que tengo en una olvidada caja de mi casa aparece la boina que utilicé entonces. En el devenir de mi propio camino, en el destino que me tiene aguardada la vida, me reconforta pensar que allí pasé un hermoso periodo de mi vida y me trae un recuerdo invocador de a cuantos allí conocí. También recuerdo cuando hablaba con mi madre por teléfono en la oficina de la Compañía. La inexistencia de los teléfonos móviles hacían más esperadas esas llamadas, adquirían un protagonismo desmesurado y encantador. La realidad estaba en buscar la verdadera libertad y las metas por alcanzar. Comenzaban otros tiempos para vivir y me hacía demasiadas ilusiones.

El parabrisas. Amigos en el estrecho.

El parabrisas. Amigos en el estrecho.

En el blog de Travis Bickle recupero este poema. Habla del fugaz camino emprendido. Muestra el encuentro y el azar de lo que se encarama por el plano de nuestra existencia y por los espacios que atravesamos y permanecemos. 

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enlace a Travis Bickle:

 http://elparabrisas.blogspot.com/2008/06/amigos-en-el-estrecho.html

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la vida de verdad no está en otra parte.

la vida de verdad no está en otra parte.

Por una reforma en mi domicilio he estado recolocando pertenencias, cruzando las fronteras de la memoria. Han aparecido historias del pasado, con todo lo que aún persiste. En esa intimidad llueven los recuerdos, las primeras cartas, el billete de tren a Hamburgo, las fotografías que subsisten el paso de los años. La capa de polvo cubre esta orografía del corazón. La presencia de ausencias subrayan lo melancólico de la situación y a ello le añado imágenes utópicas que van heredando mis pensamientos.
El tiempo transforma todo y mejora aquel pasado. Menciono en voz alta los cambios propuestos en mi vida: mis hijos que me llevan al amor incondicional, las necesidades materiales diluidas cada mañana, mi singular distinción entre los buenos y malos presagios, mi contención entre las suntuosas posibilidades de las geografías humanas y sociales.

Escucho el eco sonoro de mis propios pasos sobre la tarima en la habitación vacia, recién pintada y sin muebles adonde irá el nuevo dormitorio de los pequeños. Contemplo el ensanche de metros que llevamos a cabo, ganado a otros espacios de la casa, durante este receso caprichoso aparecen por la puerta de la casa los pequeños Lom y Thor. Mi casa no ofrece otras posibilidades y procedo a la eliminación de lo que ocupa espacio: folletos, recortes, apuntes, libros inútiles, cosas que no merecen la pena conservar, aparatos inservibles. Bajo tres veces al contenedor de papel, lleno varias bolsas de basura, voy soltando lastre incansablemente desde este perímetro doméstico. Varias cajas llenas de libros, algunos una amenaza latente, esperan su traslado al garaje del pueblo o la exposición a la intemperie en la calle. La mudanza va dando paso a los juguetes, al carrito de paseo, a la pequeña bicicleta, a los biberones que ocupan el lugar de la pérdida de influencia del ocio personal, incluso el ordenador es desterrado, y esto que escribo, a falta de claras ocasiones, entre tiempos muertos cobra su forma en mi trabajo o en el aire. 
Todo el desorden audiovisual de la casa está sustentado con el convencimiento de poseer el mejor de los amores, los que me engullen cada mañana, en las mismas aguas de quienes se convertirán en mis herederos. Ya no pienso en mi mismo, si alguna vez ha sido así, y en cada itinerario conocido y en el más allá, me acompañan risas, besos y abrazos como una lamina de agua infinita. Como ha sido siempre con mis padres y hermanos, como ahora hace la madre de mis hijos conducida entre las tempestades reivindicativas propias de la infancia, en un contraste razonable entre los asaltos impetuosos de Thor y la estrategia emprendedora de Lom.
Nos ponemos en movimiento los cuatro, echo de menos infinitamente a nuestra inolvidable perra negra. Con la disposición inmortal del amor, de lo que se va descubriendo cada día queda toda una vida por reinventar, por dejarnos sorprender bajo el cielo azul. Cada momento verdadero me hace la vida más atrayente, como si estuviera al alcance una Copa de Europa. Realmente, la sensibilidad ha cambiado en sentido supremo con la luminosidad de lo maravilloso. Estoy deseoso de crecer, en el entorno querido, en la estancia intima, en la arrolladora felicidad.
También no olvido, es mejor saberse las canciones que explican lo enrevesado de todo, las melodías que desde el borde del precipicio nos alcanzan por nuestra herencia y por nuestro destino. No me hallo en disposición de alterar la naturaleza pero lo que voy trenzando me conduce por el camino del corazón. Por el mejor camino conocido porque la vida de verdad no está en otra parte.

 

 

el rayo verde

el rayo verde

Bajo ciertas condiciones atmosféricas hay un momento, brevísimo, en el que alguien en algún lugar divisa al rayo verde. Quién lo ve, tiene un indicio del amor verdadero.

ver el rayo verde: 

http://antwrp.gsfc.nasa.gov/apod/image/0701/greenset_pivato.gif

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Luís Eduardo Aute (1943).

Luís Eduardo Aute tiene esta forma de componer, de lucir esos momentos álgidos que tienen historia en nuestras pequeñas vidas. Sabe decir las cosas a escala humana con cierta sensación de silencio, entre el latido y el sensualismo. Cuando lo escuché por vez primera me asaltó su persuasiva voz, el poder de la palabra. No renuncie a escucharle en esa rara vanidad de los que renuncian a la lengua origen en música o a la ilusión de soñar con el amor. El acento de Aute tiene poso de poesía, y en esa generosidad tan honda, sin miedo a darnos su corazón nos hace empezar de cero, como cuando éramos jóvenes, con fuerza inigualable y también con inevitable realismo.

viaje a Cuba

viaje a Cuba

Hay errores. Abundancia de errores. También logros. No de trata de aclarar la historia o de averiguar la verdad. Basta huir del estatismo atenazante de las omisiones mediáticas, del poderoso contrasentimiento cínico de vivir en una democracia demasiado perfecta que no implica nada. Es necesario viajar en la niebla y sentir la belleza del viento que nos despeja el camino. Modificar nuestros prejuicios.

Hay múltiples maneras de contemplar históricamente la Revolución Cubana. Arrinconada durante decenas de años no sabremos si sobrevivirá definitivamente desde el presente o seguirá su lenta inmersión en el abismo de la historia. Los vencedores endurecen la mirada con Cuba pero también, en este vacío y extenso universo, Cuba trasmite su propia fuerza y sus convicciones; lo expresan los tripulantes de una nave a punto de irse a pique, inmersa en un belicoso mar. Quizás sea una demostración de poder o de hipocresía irracional. Nada sabemos. Sus fatigados protagonistas refuerzan la tristeza y la voluntad, están dispuestos a continuar resistiendo en la turbulencia de la economía globalizadora frente el  poderoso enemigo del norte.

El destino errante de la isla dura cuarenta y nueve años y sigue siendo una expresión singular de arriesgada aventura. Ya es demasiado tarde como en tantas otras cosas, y el pueblo cubano va colmado de inverosímiles sacrificios, peligros y fortunas. Cuba alzó la vista hacía la luz, hacía las aspiraciones del humanismo de una manera implacable, cargados de defectos y virtudes desearon continuar con el proceso en una situación desfavorable para los sentimientos, otros trataron de encadenar las imágenes brillantes del porvenir que se les aparecía en la geometría borrosa de las 90 millas. Unos y otros perduran, en sus pensamientos y en sus acciones, en una pugna entre la incomprensión y la verdadera historia.

La poesía es un arma cargada de futuro de Gabriel Celaya (1911-1991).

La poesía es un arma cargada de futuro de Gabriel Celaya (1911-1991).

en el tubo Paco Ibañez canta "la poesía...": http://www.youtube.com/watch?v=bKnEaCweikg 

Gabriel Celaya me habita, poblado estoy de sus versos que se adentran en mi mundo efímero. Pienso en recuperar estos versos tan sellados en mi corazón de los que escucho en la voz quebrada de Paco Ibáñez. Inspiro el aire convertido en letras y me ensancho. La voz emblemática de Paco me impulsa en cada cadencia de plomo inmisericorde y exige el más sensible de los silencios. Si de verdad los versos arden cuando salen por la boca, cuando asaltan los oídos sordos de los inexistentes, esos son los versos de Gabriel Celaya.

 

yyyyy

 

 

“La poesía es un arma cargada de futuro”.

 

 

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
que golpea las tinieblas.

Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades;
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades,
amorosas crueldades.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo,
cultural por los neutrales, que lavándose las manos
se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido,
partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren.
Y canto respirando. Canto y canto y cantando
más allá de mis penas,
de mis penas personales, me ensancho,
me ensancho.

Quiero daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso, con técnica, que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España,
a España en sus aceros.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.

Perdita Durango (1997) de Alex de la Iglesia. España.

Perdita Durango (1997) de Alex de la Iglesia. España.

Titulo Original: Perdita Durango

Año: 1997 

Duración: 130 Min.

País: España 

Director: Álex De La Iglesia

Guión: David Trueba (Novela: Barry Gifford)

Música: Simon Boswell

Fotografía: Flavio Martínez Labiano

Reparto: Rosie Pérez, Javier Bardem, Harley Cross, Aimee Graham, Screamin’jay Hawkins, Don Stroud, Demia Bichir, Santiago Segura, Carlos Bardem, Alex Cox, James Gandolfini.

 

Película al estilo del Director. Hay que desconfiar pues. Sádica hasta el último día de la semana es contraria a los buenos modales, pero con una carga erótica indiscutible por parte de Rosie Pérez. Es particularmente indigesta entre los buscadores de películas tipo “Rambo”. La violencia campa a sus anchas encorsetada consecuentemente en el experimentado humor negro que lo declaro soberbio.

Es una película maldita como la catalogan por ahí, como la peor de Alex de la Iglesia pero personalmente es la que más me gusta. Es interesante y la aventura en la frontera de Estados Unidos con México es materia de espectáculo salvaje como el destilado surrealismo escalofriante de Javier Bardem que choca extrañamente con el implicado cruce de sentimientos de los personajes.

 

Fernando Sánchez Dragó.

Fernando Sánchez Dragó.

He recibido alguna “observación” acerca de la colocación del blog de Fernando Sánchez Dragó entre las entidades linkeadas que voy leyendo de una forma más o menos temporal.

La verdadera realidad es que siempre me gustó más escucharle que leerle. Su discutida personalidad se eleva hasta las alturas desde la pesadez ordinaria o desde la lucidez, pero se eleva como un misil polifónico en TVE o como una cortina de humo gris en Telemadrid.

Sería deshonesto tildarle de fantoche mediático por su descuidado lado amable, su prepotencia intelectual o su narcisismo. Se enjoya de vocabulario pero los valores "..."  de Dragó logran la confianza con la relativa libertad de su palabrismo. Se trata de una versión humana original, controvertida, capaz de pensar y de generar propuestas inteligentes en el vasto y mediocre paisaje humano.

 Gracias a unos atributos intelectuales exquisitos y a una esplendorosa "mala" vida es capaz de hacer frente a lo irrelevante y a lo ideológico, de manera que el caos y la naturaleza humana coexisten como la mente y el corazón dan vida a un ser.

Dragó con tantos años de experiencia a sus espaldas, por setenta creo, va hundiendo sus raíces en la invención extraordinaria, ajustada a su personal “honestidad” subyacente, y en las interconexiones del qué pretende conocer. Cuando empieza a narrar, obliga a qué sintamos el oleaje fuerte de las contradicciones humanas y del hermetismo intelectual.

Se perciben estas ideas en su etapa televisiva actual de maneras diferentes, cuando son incesantes en lo político o cuando se mueven en otros terrenos más responsables. Cada madrugada de manera insondable no deja indiferente a nadie. Sus expresivos textos en las Noticias Noche se escurren por la pendiente de la historia con unos escorzos imposibles de sostenerse razonablemente. Recurre frecuentemente a composiciones antiZapatero, más cerca del azote obsesivo por demostrar lo que sabe en la medida de negar la integridad humana del Presidente de Gobierno. Por el contrario, cuando se mueve en otros terrenos más literarios o de profunda espiritualidad y mística, se acerca al gas que emana la poesía que se apresura a volar por encima de los melancólicos muros de la eternidad.

Recuerdo yo muy joven, una presentación que hizo Dragó en TVE, la única televisión. Me conmocionó tanto. Fue la épica introducción hecha ante los telespectadores por la gran controversia surgida por la emisión en la caja tonta de “La última tención de Cristo” de Martin Scorsese. Los ojos vendados de muchos españoles miraron al futuro. No había que temer ante otros conocimientos, ante otras ideas.

Los deseos y el sueño.

Los deseos y el sueño.

Los sueños no están dispuestos a darnos facilidades y en cuanto la luz aparece sabemos que se escapan por las rendijas de la memoria. Dentro de nosotros, en nuestro universo abandonado, se convierten en visibilidad. Nos desafían y se convierten en necesidad imperiosa cada noche. Pueden llevarnos hasta las cavernas del delirio o a las oscuras petulancias de los instintos. La supuesta desigualdad con la realidad sacude nuestra conciencia y la situación se repite una y otra vez.

Ayer tuve un sueño, cuando desperté en ese efímero momento de gloria inexplicable entre los dos mundos, una sensación cálida recorría mi cuerpo. Guiado por la llama de la manzana envenenada, el pilar erigido para satisfacer los volubles deseos de mi primordial naturaleza lucía entre una niebla de pensamientos candorosos. Abandonando progresivamente el marginal estado de la mente, acudí al volcán de fruta prohibida inherente en estos terrenos de sabanas y jardines balsámicos. 

 

 

John Lennon. "Working Class Hero" (1970).

 

Himno reivindicativo de John Lennon. Rasgueos de guitarra que desatan la rabia y abren el horizonte común de la Humanidad.

El tono de evidente abandono al que estamos sometidos desde el nacimiento nos hunde en la tierra, la realidad se olvida de los desfavorecidos y nos convertimos en pura putrefacción, pero si quieres ser un héroe de la clase trabajadora, alza la vista y escucha.    

 

John Lennon: Working class hero - Héroe de la Clase Trabajadora

Ya desde que naces hacen que te sientas pequeño
Porque no te dan tiempo en vez dártelo todo
Hasta que el dolor es tan grande que no sientes nada
Podrías ser un héroe de la clase obrera

Te hacen daño en casa y te pegan en la escuela
Te odian si eres listo y te toman por loco
Hasta que estás tan atontado que no entiendes nada
Podrías ser un héroe de la clase obrera

Después de veinte años de horror y tortura
Se supone que has de elegir un trabajo
Pero ya no puedes funcionar del miedo que tienes
Podrías ser un héroe de la clase obrera

Te drogan con la religión, el sexo y la televisión
Y te crees ingenioso, apolítico y libre
Pero no eres más que un jodido ignorante
Podrías ser un héroe de la clase obrera

Te dicen que puedes llegar a la cima
Pero antes has de aprender a matar sonriendo
Si deseas triunfar como los de allá arriba

Podrías ser un héroe de la clase obrera
Si quieres ser un héroe, sígueme.

 

Gerda Taro (Stuttgart, Alemania 1910 – El Escorial, España 1937).

La fotógrafa alemana Gerda Taro, compañera de Robert  Capa, estableció ricas relaciones con la imagen. He localizado un libro sobre ella ocupando la balda más inaccesible en una librería de Madrid. Se trata de "Gerda Taro, fotógrafa de guerra. El periodismo como testigo de la historia" publicado por la Editorial Debate y escrito por el periodista Fernando Olmeda Nicolás del cual coloco un enlace por si alguno quisiera pasarse.  En este libro se habla de las duras condiciones en el que desarrollaba el oficio de Gerda como reportera durante la Guerra Civil española hasta que el 26 de Julio de 1937 muere tras un ataque de las tropas nacionales en la batalla de Brunete.

Las fotografías que arrancó Gerda de la realidad atraviesan el plano humano. La construcción de su obra es avanzar, estar cerca, más cerca de la llama, tocar la hoja de la guadaña, establecer ricas relaciones con el abismo de la realidad, codo con codo con la muerte. Logra un pequeño desorden de todo esto, como su corta vida de 27 años, como la mecánica de fuerzas opuestas en el Frente Republicano dónde trabajó.

Gerda Taro me atrae infinitamente, la percibo rodeada de misterio como en esta fotografía del post, apoyada sobre su brazo, lánguida e ininterrumpidamente bella. Su vida en pareja con Robert Capa es inexorable al fatal destino. El ansia de Gerda Taro por la búsqueda de lo eterno los aboca al accidente inevitable. No sé que queda del reflejo de los ojos de Gerda, de los momentos sexuales amables de tantos años con Robert… a través del libro de Fernando Olmeda recorro aquellos tiempos lejanos y el devenir de una entusiasta compañera.

el futuro no está escrito.

el futuro no está escrito.

Episodio 1. El futuro no está escrito.

 

Con tres amigos, Carlos Tarazona, Peter Ustinov y Yago Arriola fui a ver “Joe Strummer, vida y muerte de un cantante”. Con el orden puntual de la hora, en la puerta de los cines Verdi de Madrid comenzó el itinerario habitual, ponernos al día de nuestras cosas. Los ángulos de actualidad giraban en torno al fútbol, el Getafe CF se la jugaba ante el Bayern Munich y los propósitos de un viaje a Roma se fijaban en el mundo centrífugo de estos tres vividores, que en tres días iban a difuminar el abismo que existe entre dos ciudades separadas por tierra y mar.

Mi amigo Carlos Tarazona ocupa un ámbito crítico social con destacadas colecciones reivindicativas en mente, es un fecundador rebelde de los áridos paisajes laborales en una multinacional francesa. Yago Arriola es compañero de trabajo de Carlos Tarazona, le conozco de hace poco, irónico y callado, da una visión exacta de la inquietante realidad. Peter Ustinov está hecho a base de geometría y experiencias, se mueve en el territorio entrelazado de lo políticamente correcto. Los cuatro estábamos en la comicidad muda de la sala de cine y sobre la inconsciencia certera de atravesar la vida sentados en una butaca, esperábamos el inicio de la película en el escenario convencional de la pantalla de cine, esa gran llanura infinita de historias y entretenimiento.

A Peter Ustinov el móvil le suena como una explosión, en el lugar más inesperado, viene con su musiquita melódico-ruidista. Es inapelable que sean del Ministerio. No sé que le dicen, algo habla entre el desasosiego de la urgencia de quien se da cuenta de que la película está a punto de empezar. Entiendo la palabra “vicepresidenta”, ¿se referirá a María Teresa Fernández de la Vega, Vicepresidenta de Gobierno, ocupante de su Ministerio? Sin complicaciones acaba la conversación y entre el repertorio de los preliminares de la sesión aparece, qué casual, la Vicepresidenta de Gobierno tres filas más atrás. Es una mujer de gestos claros, amables y concisos, va rodeada de la cohorte de discretos escoltas y adjuntos del Gabinete del Ministerio. No existe palco en los cines Verdi donde pudiera ubicarse y eso me ayuda a ver, vislumbro un libro de Gabriel García Márquez en sus manos, es un tanto coqueta ya que se ha observado a si misma apacible cuando se ha cruzado con un reflejo suyo en un cristal. Camina pausada, mirando a la concurrencia a ambos lados del pasillo de butacas y es tan sincronizada su llegada a la sala que es sentarse y sin contemplaciones, empiezan a proyectar la película.

Ustinov me comenta al oído, “Está la Vice ahí detrás” y saluda con un gesto mínimo a alguien. Carlos Tarazona y Yago Arriola habitan, sin percatarse, en línea recta con la pantalla iluminada. La sala es un mundo lleno de pistas y las tres filas que nos separan desvelan el nombre de una acompañante que no escribo.

“¿Peter, a quién has saludado?”, inquiero dejando correr la pregunta.

“A una directora del Ministerio” me dice sin apenas detalles secundarios.

En estos cálculos imposibles entre lo que tengo detrás y lo que tengo delante, opto por lo segundo, introduciéndome de lleno en la película. Un ameno documental trabado de entrevistas y la música punk de The Clash.

Joe Strummer, líder de The Clash, tiene una concepción del mundo subversiva, las letras de sus canciones son penetrantes y tenaces, su vida fue un trayecto épico incomodo que narra la importancia de la trinchera militante y que acabó deslizándose definitivamente hasta la romántica muerte. Todo contado ineludiblemente alrededor del fuego.

   Cuando se encienden las luces entre un mar de ojos tristes, una semisonrisa de Peter  hace un intento de contacto con alguien del grupo de atrás. Es sabido de la insensatez de muchas sofisticadas plumas o voces que dedican parte de su tiempo a cumplir buena cuenta de la Vicepresidenta de Gobierno pero ahora que la tengo cerca, tanta es la similitud humana como destino es la sepultura. El cromatismo de la tela del vestido de la Vicepresidenta es estimulante para la antigüedad de la tapicería de las butacas encastadas. Me trasmite cierta espiritualidad su persona. Abandona ella y su “familia” de una manera esmerada el espacio común y percibo que abundan los comentarios, no sé si vinculados a la película. Me percato que Peter habla en un rincón con una atractiva mujer. Yago Arriola abandona la mirada perdida del abigarrado análisis cinematográfico y con refinado acento piropea silenciosamente a la musa de Peter. ¿Qué lazo puede existir entre estas dos personas? Hay que tener en cuenta que entre los despistados espectadores del argumento paralelo una pieza me permite el enganche con lo impredecible, el libro que portaba La Vicepresidenta ha quedado olvidado en el respaldo de la butaca. “El amor en los tiempos del cólera” y dedicado. Entrega personal de “Gabo”, en estado original. Cuando lo cierro Peter viene hacia mi hablando por el móvil apuntando hacia la salida. La secuencia acaba con toda la banda en coches oficiales a la puerta de los Cines. Sin reparo le enseño el libro a Peter que suelta un cuádruple hostias, hostias, hostias, hostias.

“si quieres puedo hacérselo llegar a la Vice” dice Peter, más cerca de la escenografía que del ofrecimiento sincero.

Aquí tengo el libro a día de hoy, entre “Historia de un naufrago” y “Cien años de soledad”. Dentro hay una carta.  

 

 

Episodio 2. El amor en los tiempos del cólera.

 

Cuando puso el pie en la taquilla de los cines Verdi, que a la vez hacia de oficina administrativa, sonó el teléfono. Cristina había almorzado en un bar cercano y un sentimiento de extrañeza corrió por su espinazo. ¿Cómo explicarlo?

- Buenas tardes. Le llamo desde el Gabinete de la Vicepresidenta Primera del Gobierno. Mi nombre es…

La voz telefónica era femeninamente sonora y replegó a Cristina contra la silla que utilizaba para atender al público. Y qué decir de la rogatoria que le dieron desde la otra parte, fue atenazante y Cristina dio por verosímil lo que estaba escuchando. Entendió lo esencial y la imposibilidad de responder con soltura hizo que saliera de su boca una especie de graznido. Preguntaban por un libro perdido el jueves en la sala donde proyectaban “Joe Strummer, vida y muerte de un cantante”. Ese día, las mujeres que realizaban la limpieza de la sala no informaron de nada anormal ni encontraron objetos olvidados por algún espectador entre los pasillos de las butacas como a veces ocurre. Cristina para depurar más la respuesta solicitó un número de teléfono adonde poder dar fe si apareciese el libro. La funcionaria quedó contrariada ante el temor de saber que efectivamente había tenido una negativa como respuesta a su indagación y su voz interrogante se fue apagando hasta que acabó por deslizarse sutil por el hilo telefónico. Estaba en una de esas estancias ministeriales, donde se recogen los temores conspiranoicos y en donde se disponen de los espacios adecuados para el ejercicio del poder, pertenecía al Gobierno de España y se durmió en el valle de la zozobra pues era lo más desfavorable que podía escuchar aquella tarde.

En ese estado de suspenso fue informada la Directora del Gabinete de Información quien consolidó aun más la creencia de que el libro había desaparecido e informó a su superiora.

La Vicepresidenta fue avisada de lo que estamos leyendo, había tenido una agenda apretada y en su despacho de La Moncloa resaltaba la quietud. Los chopos que divisaba desde su ventana eran cimbreados por el viento y no le llamaba la atención siquiera un pájaro picapinos que golpeaba con fruición la madera porosa del árbol. Entre las intrincadas especulaciones que rondaban su cabeza estaba el nombramiento de la nueva Ministra de la Vivienda, la entrevista en antena para dentro de una hora en un programa de radio con Angels Barceló y ese libro olvidado en aquel funesto jueves.

Como un alma pérdida pero con todo el peso de la memoria, María Teresa hace un repaso en este tránsito, en ese aislamiento sensorial que tienen los pensamientos. Surgen entonces Fermina Daza y Florentino Ariza, obligados a amarse por la fuerza insospechada de lo que era confundido con el cólera. Y si no debieran tener lugar estos acontecimientos tan humanos en el ideario de personajes tan poderosos es preferible que se desplacen por unos momentos por la conciencia del Estado tan desconsiderable en materia de felicidad. Y en esas aspiraciones suicidas de fidelidades románticas, en la trayectoria sugestiva de la poesía, María Teresa contempla la ajena vegetación arbórea de los jardines del Palacio y narcotizada por la imagen de alguien que quiso conservar en su recuerdo, pasa su mano acariciando levemente la vertiente oscura de un croton tiglium que salpica con sus hojas persistentes una mesa de caoba.

 

 

Episodio 3. Peter Ustinov.

 

Hay que felicitarse que tan solo en hora y media estemos en Roma. De la misma manera Italia ha pasado a manos de Il Cavaliere, no ya por poseer gusto y criterio el pueblo trasalpino, sino porque la identidad italiana muestra sus vergüenzas sin pudor alguno. La ciudad de Roma, descartada definitivamente la transformación de su trazado urbano,  sopesa un proceso de transformación complejo, difuso pero de una verdadera efervescencia vertida sin límites en la densidad del aire mítico de la historia. Es ese tipo de ciudad para pasear y convivir, a ello contribuye que la identificación de los romanos con su ciudad es intensa.

Un cielo azul nos recibió a los cinco viajeros, con todo el cariño que la primavera romana puede ofrecer a sus visitantes. He solicitado en mi departamento seis días de asuntos propios y he sido condenado a una esperanza sin sentido en Roma, querer-ver-todo. Directamente imposible.

La anatomía femenina de María, la novia de Carlos Tarazona, que tira del carro llamémosle "grupito pseudocultural" me tapona con su contundente transposición de escenarios, padece el síndrome japonés. Su actividad febril de estos días me cansa y los lugares “súper-mega-estupendos” que nos quedan por ver, no van a contar con mi humilde presencia. No tengo compasión por el territorio inabarcable, por el conglomerado de museos vaticanos o por el más que fotografiado Foro romano. En este fenómeno contemporáneo de dejar huellas en todas partes me planto, estoy en la ciudad de Roma sin el deseo inimaginable de los tecnourbanitas pero con la conformidad de disfrutar de una cerveza Moretti en una terracilla en la plaza Navona.

Mis compañeros se fueron esta mañana a la diminuta ciudad-estado, fabulosa sin contemplaciones, luz del catolicismo. Benedicto XVI está en Estados Unidos, es decir más allá de la geografía vecina y volverán a encontrarse conmigo a la tarde.

Las mujeres aquí conservan sin duda, el símbolo pilar de la idiosincrasia romana, una nariz épica. En Roma está omnipresente la passegiata, tránsito inestable que vislumbro lleno de transeúntes y palomas. La passegiata se convierte en exposición de maravillosos guiños seductores. Estoy fascinado de la belleza misteriosa de la mujer romana,  no muy alta pero ceñida a una altitud considerable, y ando encantado de una docena de sonrisas que conservo en mi memoria.

Después de permanecer exiliado en Navona aparecieron con sutil ironía mis amigos turistas, complacidos ante tal volumen de piedra milenaria y olor a incienso. Como hacía calor se bebieron lo que no estaba permitido en las iglesias y demás museos. La amalgama de fotos de las Nikon digitales eran escandalosas y sin esperanza de exponerlas al interés humano, se conservarán entre ceros y unos en algún disco duro de una computadora. Dedicados a repasar retrospectivamente las ultimas instantáneas y otros menesteres carentes de importancia son conocidos los atardeceres romanos. La ciudad se encarga de mostrar a sus habitantes la visión del un cielo rojizo en extremo y la exposición de la piedra sus perceptibles tonos ocres naranjas. La contemplación de la luz nos colocó ante un despliegue espectacular. Y en este inmenso poder digno de veneración solar también induce a que el sonido de mi telefonino vuele por la arquitectura de la piazza Navona.

-Buona sera...- digo con acento rizado y con la distancia clara de dejar una pista fácil.

-Peter Ustinov debes volver inmediatamente.

El resultado es que me llaman del Ministerio, indistinguible de mi vida privada. Mi compañero de trabajo Julián Iglesias ha muerto y están buscando su cuerpo entre el derrumbe de su casa de pueblo en la provincia de Guadalajara. Los problemas y las angustias no vienen solos, ahora es cuando echo de menos el plácido quehacer de María: hacer de turista, vivir tranquilamente.

Me voy de Roma y aquí quedará la ciudad, nicho religioso de la historia europea, dueña de escenarios milenarios privilegiados que fascinan a los norteamericanos y las obras excelsas de la arquitectura cultural universal. Me despido de mis amigos con intercambio de buenos deseos y en el avión me siento como la ciudad homónima, romo. Puedo encontrar los turistas nacionales que también regresan y a unos cinco mil metros de altura diviso las islas Baleares emergidas del mar Mediterráneo como un misterio telúrico.

Julián Iglesias ha muerto al derrumbarse una vieja casa que era de su propiedad. La fatal fortuna ha cobrado una victima idónea y nada más llegar a Madrid viajo hasta el pueblo junto a una brecha de dolor en mi corazón.

Estoy sorprendido por el lugar tan solitario y por el castillo encaramado a una peña casi inaccesible. Lo que queda del derrumbe son cascotes de barro seco y un montón de escombros de perversas concreciones, un inmerecido castigo para Julián. Me cabe reflexionar sobre lo que he aprendido a percibir en estas tristes situaciones. La fuerza de la cubierta añosa ha cedido y como en un sueño infantil se ha desplomado sobre el vulnerable cuerpo de Julián Iglesias. Los Guardias Civiles al fin encuentran, sin vida, de quien fue sorprendido en el abandono de la noche por un incomprensible destino y ya se halla encadenado a los argumentos de la muerte. El médico forense de Sigüenza ha certificado su muerte. Solo una casa destruida, solo una muerte.

El estado deplorable de unas vigas bicentenarias a las que no presto Julián la debida atención y la humedad encubierta acompañaban el precario sustento de un tejado perseguido por la escena final del drama.

La concurrencia al lugar de los hechos se ha mostrado muy impresionada de la magnitud de la tragedia como yo lo estoy ahora. También está la policía científica colaborando en el esclarecimiento de las causas del accidente y diviso a varios compañeros a los que saludo vehementemente. La exposición detallada de la macabra escena no tiene sentido y hago oídos sordos a mi Director desplazado en coche oficial. Lo que no podéis imaginar es que en esa mezcla nocturna de infierno y dolor, Gerardo Rojas del Departamento de Asuntos Institucionales con quien guardo sincera amistad, me habla al oído con sentimiento triste. “ha sido asesinado, me lo ha dicho un policía de confianza”.  Y de los pensamientos surgen las respuestas difíciles que pretenden enmascarar la realidad. “Estás loco”.

 

 

Episodio 4. Silvano García.

 

En este instante la oleada de ideas desaparecen y me doy un respiro, me llama mi amigo Peter Ustinov. Tuvo que volver precipitadamente de Roma. Siempre tiene contratiempos, su vida comprometida con sus responsabilidades ineludibles son constantes. Recuerdo las veces que ha tenido que salirse en mitad de una obra de teatro o ha tener que volverse atrás con multitudes de proyectos.

Llevo toda la tarde con un minucioso problema de mi trabajo. Soy encargado de un almacén de algo que no viene ahora a cuento, tengo un proyecto en la cabeza, crear más espacio en el almacén de devoluciones de mi empresa a través de un triple acceso en altura, eso proporcionaría que en las plantas superiores de la nave se pudieran colocar los materiales más ligeros con lo que ganaría espacio. Estoy en ello. Me ha llegado por correo electrónico unas propuestas muy interesantes de una empresa sueca. En un receso pienso en irme a dormir y dejar estas ideas, pero siento en mi interior otra propuesta. Observo el libro que me traje del cine Verdi el otro día, veo el lomo azul y emana un poder cautivador. Inspira leerlo, lleva la firma y dedicatoria del autor:

 

Cada día que pasa el misterio del amor está contenido en nuestras vidas cruzadas.

Gabriel García Márquez”.

 

Y tengo el contacto intenso de la seguridad de saber quién es su legítima dueña. Al abrirlo, caigo en cuenta del hallazgo de la carta que estaba entre las hojas.

El sobre lleva el membrete del Centro Nacional de Inteligencia y un imparable deseo de curiosear me asalta. Saco la hoja de pretoriano papel que está dentro, papel denso. Simplemente visionarla y juro discreción eterna. ¿Silvano García, qué estas haciendo? No has oído hablar de la inviabilidad de la correspondencia oficial. Cuando despliego la misiva ya he tomado asiento y la decisión por compartir los secretos de Estado con mi otro yo. Desilusión. Una hoja en blanco con un número ”197656”. Me echo hacía atrás de la silla con los brazos en alto, las manos a la cabeza y repito “197656”.

Cabe pensar, os lo aseguro, cabe pensar. Pero no tiene ningún significado efectivo pensar sobre algo tan evidente. ¿Se tratará de una clave, supongo? Me niego a desechar que detrás de este papel no exista nada. Internet hace de todo este aparataje de conexiones posibles una búsqueda entre millones de posibilidades. Google muestra infinitas dimensiones. Es reconfortante pensar que no encuentro solución. No sé que hacer. Escucho la melodía musical de Windows XP que se cierra.

La noche nos evita quebraderos de cabeza y podemos dar la vuelta a las cosas reposadamente. Nuestra mente puede buscar en ese sueño profundo las concomitancias  que existen entre el vuelo de una mariposa, la lectura sosegada de un libro o la secuencia de un número. Se establecen los nexos sinópticos entre los millones de neuronas que se confunden entre el control y el caos. Consciente todavía mi existencia entro pesadamente en el lugar hermenéutico por excelencia, el sueño. Recibo solo señales reconfortantes, un camino perdido y el viento azotando mi cara. Me despido de una mujer que está a bordo de un extraño artefacto de vuelo. Todo sirve y las amapolas de los zopeteros tienen un efecto sentimental extraño. En mi camino se cruza un automóvil soviético a toda velocidad, pilotado por un caballo que trasmite comunicados que no entiendo. Puedo oír una pieza de música de piano que me conduce a un café antiguo, un establecimiento con sabor callejero imborrable. Una camarera me sirve una taza. Alzo la vista y reconozco a un visitante ilustre, Heráclito el oscuro. Me habla cosas y al final consigo descifrar una frase sobre que “una persona no puede bañarse dos veces en el mismo río” y me presenta a un tal Marco García, español y muy unido con él. Ya no recuerdo más. Los problemas tienen sus soluciones. Las materias y contenidos de los sueños son intangibles y será necesario recordarlos a la mañana siguiente.

 

 

Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut. Francia.

23 de Abril. Día del Libro.

 

Titulo Original: Fahrenheit 451

Año: 1966

Duración: 98 Min.

País: Reino Unido 

Director: François Truffaut

Guión: François Truffaut & Jean-Louis Richard (Novela: Ray Bradbury)

Música: Bernard Herrmann

Fotografía: Nicolas Roeg

Reparto: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser, Alex Scott.

 

 Un mundo sin libros donde el cuerpo de bomberos se dedica a destruir cualquier indicio de cultura. La estética de la película tiene un punto, las modas y la época se reflejan descaradamente, pero la crítica de Truffaut resulta una buena metáfora. No conviene que la gente piense y hay que negar el ejercicio del derecho a pensar mediante la quema constante de libros. El dirigismo cultural del Estado esta servido, el control absoluto sobre los ciudadanos actúa desde la más tierna infancia como cuando le confiscan un librito a un bebé que llevaba escondido. Los vientos de libertad dejaron de soplar en un mundo futuro y la resistencia garantiza la supervivencia de las obras quemadas en unas condiciones adversas límite gracias a la persistente memoria de las personas.

 

Cuento: Anónimo hindú.

Cuento: Anónimo hindú.

Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.

Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.

Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.

 

 (Mañana tengo contar un cuento en el colegio de G., no será este) 

 (foto CARF. Projeto Beija-flor: http://www.yesterdayslife.com/photofront/carf )

Yesterday (1985) de Radoslaw Piwowarski. Polonia.

Yesterday (1985) de Radoslaw Piwowarski. Polonia.

 

AÑO 1985

DURACIÓN 87 min.

PAÍS POLONIA 

DIRECTOR Radoslaw Piwowarski

GUIÓN Radoslaw Piwowarski

MÚSICA Jerzy Matula (Canciones: The Beatles)

FOTOGRAFÍA Witold Adamek

REPARTO Piotrz Siwkiewicz, Anna Kazmierczak, Andrzej Zielinski, Krystyna Feldman, Henryk Bista, Waldemar Ignaczak

 

La historia de unos chavales en 1965, la música de los Beatles y la Polonia del Pacto de Varsovia. Resulta curioso observar el enorme poder de la Iglesia en la Polonia de 1965 entonces enfrentada a la gran maquinaria del Estado Comunista. El director, que se declara católico, hace una crítica amarga de un mundo encerrado y apegado a los tradicionales valores del catolicismo. Después de la llegada al poder del General Jaruzelski en 1981, la Iglesia adoptaría en Polonia un papel más “progresista” preparándose para otros tiempos.

En 1965 suenan esas melodías de los Beatles que invaden Europa, contrapeso a una existencia dura marcada por el enfrentamiento Este-Oeste. Los adolescentes de esta película recurren a la música y aparece entonces la incomprensión de la sociedad. Una narración cinematográficamente fluida y que escarba en una historia de amor en el sentido más limpio de la palabra.

 

Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi.USA.

Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi.USA.

 

  • TITULO ORIGINAL- A Simple Plan
  • AÑO - 1998
  • DURACIÓN - 121 min.
  • PAÍS - USA 
  • DIRECTOR - Sam Raimi
  • GUIÓN - Scott B. Smith
  • MÚSICA - Danny Elfman
  • FOTOGRAFÍA - Alar Kivilo
  • REPARTO - Bill Paxton, Billy Bob Thornton, Bridget Fonda, Brent Biscoe, Gary Cole, Becky Ann Baker, Jack Walsh, Chelcie Ross.
  • SINOPSIS: Hank, su hermano y un amigo encuentran mucho dinero en una avioneta que ha sufrido un accidente. Primero se enfrentan al dilema de quedarse o no con el botín, y después trazan un plan: Hank, el único con empleo estable y persona responsable, guardará el dinero una temporada. Si nadie lo reclama, se lo repartirán a partes iguales. 

    Llevar adelante un argumento interesante no es fácil y a muchos les parece esta película que pierde el hilo como en una línea discontinua. A mi entender, la película no decae en ningún momento y las situaciones que se dan me obligan a pensar en la ambivalencia de la mente humana.

    De los frikis es mejor librarse y no crear lazos con ellos pues te acaban metiendo en líos. Lo de esta película es extrapolable a la vida real. El suspense y el ambiente a lo "Fargo" ayudan a crear el clima necesario para el drama, todo el rato en la sala escuchaba el eco del devenir inevitable. La acción de gobernabilidad sobre estos dos frikis que acompañan a Hank en esta aventura son más que complejas y los proyectos estratosféricos se hunden en el barro como un hachazo.

     

    Melancolía.

    La melancolía fue definida como "una locura sin fiebre ni furor, acompañada de miedo y de tristeza". Es la búsqueda interior de otro mundo posible pero que incapacita a evolucionar, se instala en nuestro comportamiento y se traduce en incomunicación, en un mal cargado de contrasentidos.

    El Quijote se adentra en este mundo de tristeza y locura. Solo obedece a su laberinto interior, su disolución de la realidad es ineludible y las distancias se transforman en una búsqueda interior de los sueños.

    Mi barrio no tiene historia escrita.

    Mi barrio no tiene historia escrita.

     Mi barrio no tiene historia escrita. Quizás exista. Me parecen tan lejanos los años de mi infancia y juventud que tengo nostalgia por las historias que sucedieron. Cada rincón evoca la generación que me tocó vivir, los lugares dónde se desarrollaban los primeros escarceos apasionados, los juramentos eternos al calor del lenguaje universal de los jóvenes. Éramos el centro del Universo. Asumo la importancia de la vida de entonces y la dificultad que tenía para comprender el mundo. Las ideas revolucionarias eran inherentes a todos nosotros, ahora desaparecidas irremediablemente… o transformadas.

     Era feliz. Y tal vez, las cosas pequeñas eran lo que me hacían feliz. Estaba enamorado de la inmediata afinidad de las cosas, de la naturaleza fronteriza de mi barrio con la ciudad de Madrid.

     La música de una casette compartida en la Valla del Postigo, un muro dónde nos sentábamos a conversar y dónde nos bebíamos las litronas que sacábamos de la bodega del Suso. El equipo del barrio, el Independiente Club de Fútbol, vestía camiseta verde esperanza. Las horas muertas de los billares donde dejábamos fluir nuestras sensibilidades con credibilidad. Nuestras vidas se tocaban.

     Tras volver al barrio, a este insólito paraje de la sociedad multicultural actual, de metamorfosis urbana, descubro que todo ha cambiado… ¡Cuantas promesas rotas e inquietudes reconstruyo con los amigos que allí estuvieron!

     Ahora los tiempos y símbolos han cambiado. La atmósfera pasada se desintegra. Desde la ventana de casa de mis padres contemplando lo de afuera y en la profundidad de mi pensamiento, pienso en cómo me imaginaba mi futuro.