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el rayo verde

El viaje de Sisibu.

El viaje de Sisibu.

Recuerdo el momento de la partida. Salí entre unos cantos enormes, semiesféricos que se agolpaban en la entrada de la galería principal. En menos de un instante, se agolpaban no menos de quinientas compañeras que por grupos, abandonaban ordenadamente nuestro emplazamiento subterráneo. El arco que habían logrado construir los “cisnes”  trazaba una armoniosa curva con una justificada precariedad de elementos sustentadores. Ofrecía el color de la sepiolita tan abundante aquí y se mezclaba con una gigantesca raíz de saúco que en una tarde se deslizó por encima de nuestras habitaciones en la colonia. Algunas “ganaderas” hacían marchar pulgones delante de ellas y las “reds” se conducían enérgicamente por las galerías de emergencia, impulsadas por la alarma de una “buscadora” que había sido taladrada en el abdomen por una oruga Cucullio. Las “buscadoras” parecían mirar al sol buscando una orientación correcta y las “reds” que perdían el control con facilidad se abalanzaban sobre ellas a degollar a las más titubeantes. Los pulgones quedaban paralizados de terror y algunos bloqueaban algunos pasos decisivos.  La entrada de la colonia aparecía plagada de extremidades trituradas y cabezas infortunadas, desgajadas por las fuertes mandíbulas de las “reds”. La sucesión de este paisaje tenebroso prendía mi sensitiva cabeza de miedo. En la extremidad de la colonia a cientos “guans” de distancia, recordaba vagamente a Seseta. Se había perpetuado como “cuidadora”, a merced de la Reina, y no corría ningún peligro. Seseta lo había entendido perfectamente cuando juró obediencia suprema a la monarca y sustrajo de su pensamiento las corrientes de viento fresco que azotaban nuestros cuerpos oscuros o el calor solar tan apreciado por nuestra queratina. La completa calma, el gas carbónico y la constante temperatura eran ahora parte de su imperecedera existencia. Gracias a mi absoluta convicción, yo no quise ese destino cruel, no cesaba de circular y al cabo de un rato note una áspera sensación de aislamiento. Sondee el espacio terrenal que me rodeaba con mis antenas y conducida por mi instinto, atisbé una de esas estrellas que aparecen en el horizonte al caer el sol.

(Continuará…)

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