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el rayo verde

Aquellos sueños.

Aquellos sueños.

Que queda de aquellos sueños, de las muchas felicidades que prosperaban cada noche en la almohada, de los países que ya no existen, de los muros caídos que escondían los paisajes más poéticos, del sueño fantástico que impulsaban aquellos libros.

Cuando andábamos por aquellas calles desiertas con sabor a Octubre y nos mirábamos a los ojos con el flujo misterioso de cómo nos imaginábamos el mundo, descubrimos que la juventud se iba. La perdimos como todos los trenes que atravesaban los veranos cálidos de nuestras vidas, como las revoluciones. Inmediatamente, fuimos infelices y aquella vida, que escribíamos a impulsos en las recónditas playas y en el último curso del instituto, nos abrió los ojos certeramente y nos extrañamos. Pensamos en los problemas, en el futuro, en el deber, en el derecho y todo se convirtió en desigual, tú y yo empezamos a robarnos los besos y a dedicarnos a nosotros mismos sin demasiado sentido. Los tiempos se modificaban a golpe de jornadas, de perezosos fines de semana y de entornos domesticados por las grandes mentiras. No podíamos dejar perder las oportunidades únicas, la inutilidad de los sueños que iban más allá de las ganancias se hicieron inconvenientes. Preocupados por la excesiva responsabilidad nos dejamos, como hacían los verdaderos amantes, y para reinventar nuestro nuevo destino evitamos los recuerdos. Los nuevos tiempos transcurrieron como en una novela absurda y nuestro derrumbe fue afianzándose según transcurrían las páginas marcadas por la despiadada enumeración. Las grandes esperanzas habían desaparecido del texto y las voces enérgicas de la plena juventud se diluían en la complejidad flotante de los contratos sociales. Los sentimientos más intensos estaban enterrados en los amaneceres de los tiempos y el preciso mecanismo de la trama urdida por los autores voraces nos alimentaba con miradas de traición.

Lo que queda del libro no esconde dudas y ya escucho el crujir del fuego, fecundo de ser hoguera de hombres y mujeres que enmudecen en las páginas blancas de la historia.

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