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el rayo verde

El lado frío de la almohada (2004).

El lado frío de la almohada (2004).

El señor que tiene un perrito que ladra a los otros perros es tan previsible como la rinitis de Ana. Se acerca dando rodeos, entre los bancos de la plaza, en busca de una victima propiciatoria. Convencido de sus argumentos seguirá el próximo martes, si no hay caza, con lo mismo. Me va erosionando el aguante, así cada día. He llegado a una condición humillante, suelo acercarme a la plaza del barrio como un marine. Sigilosamente. Por entre los coches aparcados en batería oteo y, ante el inagotable poder de resistencia del que llamamos en casa “El de lo social”, aspiro a pasarle desapercibido. Cuando me pilla por banda el desconcierto es mayúsculo, la inmigración, el gobierno de Zapatero, las empresas, la refundación del capitalismo,... artillería pesada. Es desesperante como defiende a Esperanza Aguirre pero es histórico como consigue ponérmela en contra de un modo específico. No es brillante en sus locuciones, ahonda persistentemente en un estilo mucho más zafio que el de un famoso locutor de radio de las mañanas, sino es demagógico y mientras no aguanta como dice la suciedad de los bares, no se da cuenta que su perro se ha cagado en una esquina de la plaza o no quiere darse cuenta. Los horrores de la política socialista salen a la palestra otra vez y los dispositivos innatos de barrera acústica en mis oídos se activan.

Ahora mientras “El de lo social” mueve la boca haciendo muecas pienso en el último libro que estoy leyendo de Belén Gopegui, no me ha quedado claro algo de la protagonista Laura Bahía que había quedado en verse con otro personaje en un lugar. Estaba en una exposición de pintura sobre un pintor que trata sobre el viento ineludible que rasgea los toldos de las playas y demás. Laura se acerca al otro personaje del que parece se esta enamorando, se rozan. “El de lo social” me mueve el brazo, se conoce para tener la certeza de que le sigo en sus  disquisiciones, sin embargo no consigo oír lo que me está diciendo, como el americano que está con Laura más abierto a otras consecuencias. Laura sigue hablando sin darse por enterada que el americano la vuelve a rozar con su brazo. Se besan. Los labios del hombre se acercan de nuevo a los de Laura y las bocas se abren como los remolinos de lo sueños. Sigo sin inmutarme, la experiencia va llegando a su fin porque las cuatro patas de Otto han doblado la esquina y “El de lo social” se va detrás. Me quedo mirando a un ciprés que apunta al infinito y veo la copa cimbrearse por el viento en busca de una expresión artística en ese movimiento. También sueño de ese lugar del lado frío en la almohada, del que habla Laura, y en dónde tenemos los sueños que no se cumplirán.

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