Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.
Resumen
- 03/09/2008 16:00 - Julio Verne
- 03/09/2008 23:36 - la tecla F1.
- 04/09/2008 16:12 - Poca voluntad y mucha TV, fracaso escolar seguro.
- 10/09/2008 22:50 - conversación con un gato
- 12/09/2008 01:21 - Che: El argentino (2008) de Steven Soderbergh.
- 15/09/2008 22:58 - ISAAC MONTERO (1936-2008)
- 21/09/2008 23:43 - Observar las nubes.
- 22/09/2008 20:21 - observatorio.info
- 26/09/2008 00:13 - Conchita.
Julio Verne

Julio Verne siempre me pareció claro, desde el análisis del contenido científico y desde las novelas de aventuras. Se le encasilló con admiración por los avances científicos que describía y por el contenido divulgativo al que nos rendíamos seducidos por los deseos de un mundo más justo y racional. Julio Verne creía en la utopía.
Integró en sus novelas dos cosas interesantes: la sabiduría literaria y la científica. Fue precursor de lo que se denominó en el siglo XX, la tercera cultura. Supo comunicar con los científicos y con los de “letras”, y en definitiva, con el gran público, mención especial al juvenil.
Se imaginó un futuro apasionante y fue precursor o, mejor dicho, se anticipó a los inventos de épocas posteriores. Se enfrentó a lo que iba a trascender en la historia de la humanidad con conocimiento de causa.
He leído varias obras de Verne, estoy en espera de hacerme con El rayo verde pero las que verdaderamente me marcaron fueron los dos primeros libros que cayeron en mis manos, De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna. Aquí, Julio Verne expone o teoriza en la hipótesis lejana de viajar a la Luna. Se apoya en los conocimientos de la época y aunque cae en contradicciones, las fuentes de su imaginación son inagotables. Lo fundamental de entonces por incomprensible es explicado y si supiéramos que no podía ser tal como aventuraba, no es de locos excitarnos con estos relatos dentro del modelo julioverniano.
La influencia de estos dos libros de Julio Verne fascinó mi imaginación.
la tecla F1.

Mi amiga R***** me envía un e-mail sobre un videojuego que ha creado alguien que conocemos. Es de unos aviones que lanzan ayuda humanitaria sobre puestos de la Cruz Roja en Georgia. En las instrucciones que nos da el creador por e-mail comenta que lo mejor está durante el juego, pulsando la tecla F1.
1º e-mail de R*****:
Hola chicos, os reenvio este mail de C***.
Reconozco que soy una bestia y no encuentro el F1.
Besos. R*****
Contestación mía:
Está muy bien.
la tecla F1 esta encima del 2 . Besos.
2º e-mail de R*****:
Increíble lo mío, ahora he encontrado F1. Te contaré personalmente donde lo he buscado. No se puede dejar constancia por escrito. Demasiaooo.
Besos R*****
Poca voluntad y mucha TV, fracaso escolar seguro.

Trascribo esta carta a los lectores publicada en El Periódico de Catalunya de hoy. Me ha parecido esclarecedora y atinada.
"Poca voluntad y mucha TV, fracaso escolar seguro".
por Arturo Ramo García
Teruel
"Una de las causas de los malos resultados de los estudiantes es, según los informes, su falta de voluntad y de esfuerzo en la constante tarea de aprender. Dicen los especialistas en educación que la voluntad debe ser fomentada especialmente en los 10 primeros años de vida. Si en esa etapa no se ha conseguido una disciplina educativa de la voluntad, después todo será más costoso. Se puede llegar a la imagen del niño mimado que quiere hacer únicamente lo que le apetece. Por ese camino se llega a una persona caprichosa y apática, incapaz de proponerse metas y llevarlas a cabo. Uno de los factores que más deterioran la voluntad es el uso excesivo de la televisión. Su influencia es nefasta, pues fabrica jóvenes pasivos, sin ningún espíritu de lucha. Otro efecto negativo de la televisión es que cuando el chico no tiene un espíritu crítico, termina por no distinguir el bien del mal y lo positivo de lo negativo. Y esto sin contar con el contenido negativo de muchos programas: violencia y pornografía.
La persona con poca voluntad no logra alcanzar sus objetivos porque se olvida de su obligación. Una voluntad débil deja su influencia negativa en cuatro aspectos: falta de estabilidad, una vida en pareja inestable porque no sabe ceder ante el otro, una vida profesional mediocre, y pérdida de curiosidad cultural e intelectual. Los perdedores y los triunfadores no se hacen de un día para otro. Los perdedores llegan a ese estado después de años de dejadez y desidia. Por el contrario, los triunfadores saben hacer en la vida ordinaria lo que se han propuesto cada día, y lo hacen sin agobios ni ansiedades, sino con determinación y esfuerzo."
conversación con un gato

Me he quedado solo. En una ridícula soledad. Sin Thor y sin Logan. Trascurre la tarde entre los oscuros escenarios abandonados. Un gato me acompaña. Me sale al encuentro. Me empuja para que le acaricie, íntegramente. En uno de esos momentos en los que me hallo arrastrando la mano hacia su cabeza de gato, aprecio la sensibilidad del pequeño animal. Su dueña me ha cargado con él durante unos días. Su vida de gato atesora el gusto por estar cerca de los humanos, por soportar con habilidad innata nuestras indiscreciones. Nadie cree que no entiendan pero entre una taza de café y la colaboración de su amable silencio he decidido hablarle.
“Quisiera, Gato, que no sólo tu estuvieras presente entre estas cuatro paredes, y que la nostalgia me marcara el itinerario inevitable y nos lanzara a la carrera entre los frondosos valles y los caudalosos ríos rumbo al ilustre destino que la desdicha me ha negado. La fuerza que siento por la ausencia de Thor y Logan causan mi pena. Arrojarme al monte debiéramos, a sabiendas de abandonar mi trabajo y mi indumentaria de hombre domesticado, de poder convertirme en mente libre que ve la luz y no encontrarme con la infortuna de hallarme lejos de los que son mi inmensa alegría”.
Estando en yo en estas reivindicaciones, a las que seguían otras conversaciones en las que corrían por la mismas sendas turbulentas de la afectación, el Gato, insomne, aportó su cultivada ciencia de gato con una naturalidad sensata que me dejó perplejo.
“Que dices hombre, ¿que ansías? ¿Que proclamas? estas vencido por el delirio, tu llanto es la espada que se clava en tus esperanzas. Tu arma es tan inhábil como el vino que os impide dilucidar. Asómate al balcón y deja mecer tus ralos cabellos por el soplo del aire de la tarde, por la certeza del regreso de Thor y Logan, por los dulces presagios de la recompensa de tu esposa en su vuelta”.
Ante tal disquisición, no entre hijos y padres, o entre esposos, sino entre un hombre y un gato me apresuré a contrarrestar las desbordadas razones gatunas.
“Tienes razón, amigo. Las bondades de tus razones son puras y no olvidaré palabras tan equilibradas como sensatas. Vivo como hombre, bajo la luz del sol y las tinieblas de la noche y de buena raza es ser excelso en la paciencia. Tal conducta me avergüenza pero he recibido bien tus nobles palabras y sabré esperar el regreso de mis seres queridos con más confianza que antaño Penélope con Ulises”.
Así pues, hice caso a mi ilustre compañero de sus consejos y dediqué el resto del día en otros propósitos. Ahora me dirijo en este destierro a una de las salas de cine de los Renoir donde proyectan la película de Steven Soderbergh, “Che, el argentino”. Pero esto, ya es otra historia.
Che: El argentino (2008) de Steven Soderbergh.

Acabo de ver la película en los Renoir-Retiro de Madrid. He estado con tres amigos en el ámbito natural de una tarde de cine, pero sobre el deseo de sentir. Antes de adentrarme en la sala de proyección, me preguntaba si iba a merecer la pena. Es cierto que antes de venir he leído alguna crítica por ahí, la de Carlos Boyero en El País, otra en el ABC, la de El Mundo, otro artículo en Rebelión. De todo, pero en líneas generales críticas positivas. Luego, estaba el premio al mejor actor para Benicio del Toro en el Festival de Cannes.
Así, llegaría el momento de sentarme en la butaca mientras el vértigo recorría mi espinazo, contemplaba los espectadores que casi colmaban la sala convertidos en protagonistas esenciales, se apagan las luces. La música con percusiones y el olor a selva salpicaban a la concurrencia y ya no dudaba de la experiencia, del viaje perpetuo en un formidable goce de reflexión. Era el encuentro afortunado con Steven Soderbergh, una comunión entre cine y símbolo.
En Che, el argentino todo está ajustado al apunte histórico, al sentimiento, a la experiencia personal y efectivamente, la película tiene un grado de subjetividad ya que tiene una base clara, que son los diarios del protagonista. Quizás por eso se lamentan algunos espectadores. El planteamiento es mostrar a Ernesto Guevara en su ecosistema: la guerrilla, sin intentar moralizar y sin desviarse de todo lo que se va consolidando en la Revolución: los logros y las contradicciones. Se intercalan fragmentos, en blanco y negro, de la intervención de Guevara en la asamblea de la ONU en 1964 con el día a día de la guerrilla, con el difícil equilibrio de la felicidad y la tristeza.
Tras la película, todo vuelve a la normalidad. Los problemas cotidianos, las dedicaciones habituales, el equilibrio de nuestra conciencia. Intencionadamente, a veces, en la rutina de nuestros días salen grandezas sobre una pantalla.
Che: El argentino (2008). USA.
duración 140 min.
DIRECTOR Steven Soderbergh
GUIÓN Peter Buchman
MÚSICA Alberto Iglesias
FOTOGRAFÍA Steven Soderbergh
REPARTO Benicio del Toro, Franka Potente, Benjamin Bratt, Jordi Mollà, Óscar Isaac, Yul Vazquez, Catalina Sandino Moreno, Edgar Ramirez, Demián Bichir, Elvira Mínguez, Jorge Perugorría, Eduard Fernández, Alfredo De Quesada, Óscar Jaenada, Jsu Garcia, Benjamín Benítez, Armando Riesco, Carlos Bardem.
(foto del post: Centro Comercial Dreams Palacio de Hielo, Madrid)
ISAAC MONTERO (1936-2008)

Isaac Montero, Fernando-Isaac Hernández Montero, he visto tu foto y me recordabas a alguien cercano. Tus accesibles letras contestan a la opaca realidad. Quedarán al final de la primavera exhumando historias que no esperan. Sólo tendrás que dar cuenta de tus actos a ti mismo, a tu padre que murió cuando tu eras un niño y a todos los que han combatido contigo en la verdadera historia. Veo tu foto en el periódico, en el censo diario de los que abandonan los sueños. Me recuerdas tanto a alguien. A aquellas primaveras dónde percibía el olor de las amapolas y la lavanda. Recuerdo los abrazos cercanos que ahondaban en mi espíritu en aquella belleza definitivamente perdida. Tan familiar me resultas como la oscuridad. Gracias a aquellas primeras lecturas infinitas surgidas del fondo de unos corazones exactamente iguales se apoderó de mí la dulce confianza en las palabras. Isaac, lo más probable es que allá donde mores para siempre, las palabras brotaran de nuevo, está vez al inicio de la primavera como centellas incorregibles.
Observar las nubes.

Lo que contemplo desde cualquier lugar es el paisaje fracturado, cada vez más colonizado y anodino. La ciudad da sensación de caos y el medio físico natural es un hibrido de “paisajes urbanos” y carreteras. Añado los parques eólicos, las naves industriales y las explotaciones agrícolas. Todo esta transformado, demasiado intervenido. Así las cosas, me oriento al cielo.
Digo esto porque el cielo me proporciona placidez, ello supone considerar el saber mirar. He llegado a pensar de hallarme en cualquier época geológica mirando las formaciones nubosas. Siempre me sorprende su expresividad. Son reveladoras y no es necesario ser un especialista para poder distinguirlas. Es como entrar en el túnel del tiempo, iguales a como cuando era imposible encontrar un solo hombre sobre la Tierra.
Resulta estimulante percatarse de las apariencias de las nubes que provocan tormentas, de las que presagian un cambio del tiempo o de las reminiscencias de vapor. Mirar las nubes como un pasatiempo o plantearlo como una cuestión estricta.
Conocí a dos tipos que fotografiaban solo nubes. Eran los parámetros que regían su existencia. Se estaban quedando ciegos y les era imposible enfocar la cámara. En esa intolerancia óptica eran verdaderas obras de arte aquellas fotografías. Estos dos seres humanos que despertaban desconfianza por su inconciente inadaptabilidad social, sabían congelar las tenues atmósferas o los sublimes desarrollos verticales de un cúmulo.
No es preciso ir más allá, las nubes están encima de nosotros. Basta mirar. Emplazarnos con ellas a cualquier hora, sumergirnos plenamente en su ordenamiento visual. Gozar de lo que tenemos ininterrumpidamente a nuestro alrededor.
observatorio.info

Quiero publicitar esta página: http://observatorio.info/
Cada día cuelgan una astronómica del día, con tal cantidad de sugerencias que me trae pendiente. Produce en el visitante un ensanchamiento del campo de visión, un ansia en sobreponerse a la oscuridad del universo. Hoy, ante la llegada del otoño, presentan esta fotografía al vecindario. Reproduzco asimismo, el inicio del artículo que acompaña a la imagen.
“Hoy estamos en equinoccio, una fecha donde el día y la noche son iguales..."
Conchita.

Hoy ha sido un día raro. Parte de mi vida cambiará, sin duda. Han pasado más de 18 años. En la calle de Alcalá, antes de entrar a una oficina de un Banco, me he cruzado con una persona. Conchita. Llevaría unos 70 años a cuestas, parecía excavar la acera buscando ya un sitio donde descansar. Sus ojos azules indicaban las grietas de una vida demasiado protocolaria. El exceso de maquillaje, sin demasiada necesidad, redoblaba el paso negativo del tiempo.
Hace 18 años me llamó Conchita el día antes de viajar yo a Alemania de vacaciones. Ella trabajaba en Recursos Humanos como se dice ahora y me inquirió que se me agotaba el plazo para tomar posesión de mi puesto en el Ministerio. Acepté y tuve que ir ese día a su oficina. Hoy he cambiado de trabajo, iba a formalizar mi nueva situación. Inesperadamente, me he cruzado con ella en la calle. Como hace más de 18 años.




