Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Resumen
- 01/04/2008 07:15 - imaginar
- 04/04/2008 16:37 - Philip Jones Griffiths (1936-2008).
- 06/04/2008 23:13 - Pi (1998) de Darren Aronofsky. USA.
- 07/04/2008 21:48 - Andreas Gursky (Leipzig,1955) y Charlie Crane (Londres, 1975).
- 08/04/2008 00:31 - Fantasmas tecnológicos.
- 09/04/2008 22:21 - Sitio*TAXI
- 11/04/2008 17:08 - Mi barrio no tiene historia escrita.
- 17/04/2008 00:36 - Melancolía.
- 20/04/2008 22:17 - Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi.USA.
- 21/04/2008 23:25 - Yesterday (1985) de Radoslaw Piwowarski. Polonia.
- 22/04/2008 23:18 - Cuento: Anónimo hindú.
- 23/04/2008 15:46 - Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut. Francia.
- 24/04/2008 00:22 - el futuro no está escrito.
- 25/04/2008 00:19 - Gerda Taro (Stuttgart, Alemania 1910 – El Escorial, España 1937).
imaginar

Imaginar un mundo mejor. Haber creído que vivimos rodeados de oportunidades, de cimientos sólidos. Nos acercamos a la orilla del mar común dónde se halla nuestro pasado, nuestro recuerdo que mide el tiempo y teme su fin. Junto al mar, dónde viste aparecer la súbita tormenta y la lluvia violenta, donde acariciaste la piel soñada y aproximaste los labios cálidos. Ahora parece remoto como en Cien años de soledad el mundo imaginado. Uno de los lugares más bellos lo cambié en varias ocasiones por la pesada tierra, por los amigos exiliados. Me inunda el olor del mar, nos persigue como un fantasma intocable, espera que un día desde el acantilado en el vuelo del triunfo nos convirtamos en el vasto azul.
Mujer por Tamara Lempicka (1898-1980)
Philip Jones Griffiths (1936-2008).

El galés Philip Jones Griffiths cubrió la guerra del Vietnam y confirió a sus reportajes una gran carga emotiva por su compromiso con la paz. Algunas de sus fotos más famosas son reconocibles por todos nosotros, el rigor y tono de las imágenes hablan por si solas. Solo queda aprender la lección. Que descanse en paz.
Agencia Magnum: http://blog.magnumphotos.com/2008/03/philip_jones_griffiths_1936-2008.html
Pi (1998) de Darren Aronofsky. USA.

- Título Original: Pi
- Año: 1998.
- País: EE.UU.
- Dirección: Darren Aronofsky.
- Intérpretes: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Pamela Hart, Stephen Pearlman, Samia Shoaib, Ajay Naidu, Kristyn Mae-Anne Lao, Lauren Fox.
- Duración: 1 hora 26 minutos.
Sinopsis: Max es un brillante matemático que está a punto de dar con el descubrimiento más importante de su vida: la decodificación del sistema numérico que rige el aparente caos del mercado bursátil. Pero primero ha de encontrar el valor del número PI. Mientras se acerca a la verdad es afectado periódicamente por unas brutales jaquecas.
El mundo de los números en una trama vertiginosa y complicada. Los lobbys de poder andan al acecho. La economía y la religión implicadas conjuntamente para dilucidar el valor de una serie matemática y la disyuntiva terrible del matemático tras los análisis de complejas operaciones.
Andreas Gursky (Leipzig,1955) y Charlie Crane (Londres, 1975).
Andreas Gursky fotografía multitudes. Sus fotografías son cotizadísimas y se presentan en gran formato: series de edificios, industrias, desfiles, hipermercados, ect. Una de esas series las hizo en Corea del Norte dónde dice que es el paraíso de la simetría y el orden. Disparó su cámara a las grandes concentraciones de gente.
Charlie Crane también se ha ido a Corea del Norte, se ha sentido atraído por el régimen más aislado del mundo, ha retratado “el gran experimento social”. Ha sacado un libro, “Welcome to Pyongyang” que fue en 2007 el libro de fotografía más vendido. El estilo es inconfundible, las fotografías proyectan un orden exhaustivo.
Estos fragmentos de hiperrealidad de una parte del mundo muestran la fórmula estalinista aplicada por Kim Jong Il. Son fragmentos de austeridad y de propaganda del Partido. Las representaciones multitudinarias son mecanismos precisos de relojería y de excepcional calidad visual. Las imágenes que aparecen en el post están realizadas en Pyongyang, la capital.

Foto 1: Portada del libro de Charlie Crane, “Welcome to Pyongyang”. 2007.
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Festival Arirang en el estadio Rungnado de Corea del Norte.
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Desfile en Pyongyang.
Pyongyang, Thermal Power Station.
Metro.
salita de estar.
comedor.
Biblioteca.

Comercio.
Fantasmas tecnológicos.

El mal tiene muchas formas. Y puede aparecer transmutado en la figura de los mecanismos tecnológicos: un teléfono móvil, una cinta de video, un ascensor... Estamos ante un sistema social hipertecnificado que nos aísla de los demás. Al cabo de poco tiempo hemos pasado de una sociedad básicamente de contacto con la naturaleza a la informatizada, eminentemente virtual y de desintegración ecológica. El mal protagonizado por la tecnología cotidiana está presente en películas como "The Ring" donde una mujer empieza a ver fantasmas. ¿Es acaso una película de terror sin más o en realidad, es una denuncia sobre la neotecnología?.
Empezaremos a sospechar de los peligros ocultos que pueden encerrar el uso de estos aparatejos en nuestras vidas. En cierto modo, hay que estar alerta. Podemos no estar lejos de añadir prótesis robotizadas a nuestro cuerpo humano y dejar de regirnos por las leyes de la naturaleza. La continuidad de la especie humana se perfila en seres replicantes, mitad humanos mitad maquina. El temor ante el mundo oculto de "Matrix" puede no estar muy lejos.
Sitio*TAXI

Antoni Abad (Lleida, 1956) es un artista que ha llevado a cabo un proyecto singular: sitio*TAXI. Escribo este post en relación al escenario cercano y a la bitácora de Travis Bickle.
La realidad que rodea a los taxistas registrada por medio de teléfonos móviles, grabaciones, cámaras fotográficas y publicaciones recorre Internet. El ideólogo de este experimento quedó fascinado de este ensayo público sobre un colectivo omnipresente en las grandes ciudades. Eligió México D.F. metrópoli de 22 millones de habitantes y 130.000 taxis.
Los taxistas son cronistas de su propia experiencia y los mensajes fluyen en la red. Este proyecto es una aproximación a las zonas oscuras de la ciudad. Los fragmentos rotundos de hiperrealidad, amen del inopinado sentido del humor de muchos participantes configuran un calidoscopio tremendo. Una de las consignas es atreverse a leer, escuchar y ver.
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Enlace de sitio*TAXI: www.zexe.net/MEXICODF
Mi barrio no tiene historia escrita.

Mi barrio no tiene historia escrita. Quizás exista. Me parecen tan lejanos los años de mi infancia y juventud que tengo nostalgia por las historias que sucedieron. Cada rincón evoca la generación que me tocó vivir, los lugares dónde se desarrollaban los primeros escarceos apasionados, los juramentos eternos al calor del lenguaje universal de los jóvenes. Éramos el centro del Universo. Asumo la importancia de la vida de entonces y la dificultad que tenía para comprender el mundo. Las ideas revolucionarias eran inherentes a todos nosotros, ahora desaparecidas irremediablemente… o transformadas.
Era feliz. Y tal vez, las cosas pequeñas eran lo que me hacían feliz. Estaba enamorado de la inmediata afinidad de las cosas, de la naturaleza fronteriza de mi barrio con la ciudad de Madrid.
La música de una casette compartida en la Valla del Postigo, un muro dónde nos sentábamos a conversar y dónde nos bebíamos las litronas que sacábamos de la bodega del Suso. El equipo del barrio, el Independiente Club de Fútbol, vestía camiseta verde esperanza. Las horas muertas de los billares donde dejábamos fluir nuestras sensibilidades con credibilidad. Nuestras vidas se tocaban.
Tras volver al barrio, a este insólito paraje de la sociedad multicultural actual, de metamorfosis urbana, descubro que todo ha cambiado… ¡Cuantas promesas rotas e inquietudes reconstruyo con los amigos que allí estuvieron!
Ahora los tiempos y símbolos han cambiado. La atmósfera pasada se desintegra. Desde la ventana de casa de mis padres contemplando lo de afuera y en la profundidad de mi pensamiento, pienso en cómo me imaginaba mi futuro.
Melancolía.

La melancolía fue definida como "una locura sin fiebre ni furor, acompañada de miedo y de tristeza". Es la búsqueda interior de otro mundo posible pero que incapacita a evolucionar, se instala en nuestro comportamiento y se traduce en incomunicación, en un mal cargado de contrasentidos.
El Quijote se adentra en este mundo de tristeza y locura. Solo obedece a su laberinto interior, su disolución de la realidad es ineludible y las distancias se transforman en una búsqueda interior de los sueños.
Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi.USA.

SINOPSIS: Hank, su hermano y un amigo encuentran mucho dinero en una avioneta que ha sufrido un accidente. Primero se enfrentan al dilema de quedarse o no con el botín, y después trazan un plan: Hank, el único con empleo estable y persona responsable, guardará el dinero una temporada. Si nadie lo reclama, se lo repartirán a partes iguales.
Llevar adelante un argumento interesante no es fácil y a muchos les parece esta película que pierde el hilo como en una línea discontinua. A mi entender, la película no decae en ningún momento y las situaciones que se dan me obligan a pensar en la ambivalencia de la mente humana.
De los frikis es mejor librarse y no crear lazos con ellos pues te acaban metiendo en líos. Lo de esta película es extrapolable a la vida real. El suspense y el ambiente a lo "Fargo" ayudan a crear el clima necesario para el drama, todo el rato en la sala escuchaba el eco del devenir inevitable. La acción de gobernabilidad sobre estos dos frikis que acompañan a Hank en esta aventura son más que complejas y los proyectos estratosféricos se hunden en el barro como un hachazo.
Yesterday (1985) de Radoslaw Piwowarski. Polonia.

AÑO 1985
DURACIÓN 87 min.
PAÍS POLONIA
DIRECTOR Radoslaw Piwowarski
GUIÓN Radoslaw Piwowarski
MÚSICA Jerzy Matula (Canciones: The Beatles)
FOTOGRAFÍA Witold Adamek
REPARTO Piotrz Siwkiewicz, Anna Kazmierczak, Andrzej Zielinski, Krystyna Feldman, Henryk Bista, Waldemar Ignaczak
La historia de unos chavales en 1965, la música de los Beatles y la Polonia del Pacto de Varsovia. Resulta curioso observar el enorme poder de la Iglesia en la Polonia de 1965 entonces enfrentada a la gran maquinaria del Estado Comunista. El director, que se declara católico, hace una crítica amarga de un mundo encerrado y apegado a los tradicionales valores del catolicismo. Después de la llegada al poder del General Jaruzelski en 1981, la Iglesia adoptaría en Polonia un papel más “progresista” preparándose para otros tiempos.
En 1965 suenan esas melodías de los Beatles que invaden Europa, contrapeso a una existencia dura marcada por el enfrentamiento Este-Oeste. Los adolescentes de esta película recurren a la música y aparece entonces la incomprensión de la sociedad. Una narración cinematográficamente fluida y que escarba en una historia de amor en el sentido más limpio de la palabra.
Cuento: Anónimo hindú.

Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.
Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.
Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.
(Mañana tengo contar un cuento en el colegio de G., no será este)
(foto CARF. Projeto Beija-flor: http://www.yesterdayslife.com/photofront/carf )
Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut. Francia.

23 de Abril. Día del Libro.
Titulo Original: Fahrenheit 451
Año: 1966
Duración: 98 Min.
País: Reino Unido
Director: François Truffaut
Guión: François Truffaut & Jean-Louis Richard (Novela: Ray Bradbury)
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Nicolas Roeg
Reparto: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser, Alex Scott.
Un mundo sin libros donde el cuerpo de bomberos se dedica a destruir cualquier indicio de cultura. La estética de la película tiene un punto, las modas y la época se reflejan descaradamente, pero la crítica de Truffaut resulta una buena metáfora. No conviene que la gente piense y hay que negar el ejercicio del derecho a pensar mediante la quema constante de libros. El dirigismo cultural del Estado esta servido, el control absoluto sobre los ciudadanos actúa desde la más tierna infancia como cuando le confiscan un librito a un bebé que llevaba escondido. Los vientos de libertad dejaron de soplar en un mundo futuro y la resistencia garantiza la supervivencia de las obras quemadas en unas condiciones adversas límite gracias a la persistente memoria de las personas.
el futuro no está escrito.

Episodio 1. El futuro no está escrito. Con tres amigos, Carlos Tarazona, Peter Ustinov y Yago Arriola fui a ver “Joe Strummer, vida y muerte de un cantante”. Con el orden puntual de la hora, en la puerta de los cines Verdi de Madrid comenzó el itinerario habitual, ponernos al día de nuestras cosas. Los ángulos de actualidad giraban en torno al fútbol, el Getafe CF se la jugaba ante el Bayern Munich y los propósitos de un viaje a Roma se fijaban en el mundo centrífugo de estos tres vividores, que en tres días iban a difuminar el abismo que existe entre dos ciudades separadas por tierra y mar. Mi amigo Carlos Tarazona ocupa un ámbito crítico social con destacadas colecciones reivindicativas en mente, es un fecundador rebelde de los áridos paisajes laborales en una multinacional francesa. Yago Arriola es compañero de trabajo de Carlos Tarazona, le conozco de hace poco, irónico y callado, da una visión exacta de la inquietante realidad. Peter Ustinov está hecho a base de geometría y experiencias, se mueve en el territorio entrelazado de lo políticamente correcto. Los cuatro estábamos en la comicidad muda de la sala de cine y sobre la inconsciencia certera de atravesar la vida sentados en una butaca, esperábamos el inicio de la película en el escenario convencional de la pantalla de cine, esa gran llanura infinita de historias y entretenimiento. A Peter Ustinov el móvil le suena como una explosión, en el lugar más inesperado, viene con su musiquita melódico-ruidista. Es inapelable que sean del Ministerio. No sé que le dicen, algo habla entre el desasosiego de la urgencia de quien se da cuenta de que la película está a punto de empezar. Entiendo la palabra “vicepresidenta”, ¿se referirá a María Teresa Fernández de la Vega, Vicepresidenta de Gobierno, ocupante de su Ministerio? Sin complicaciones acaba la conversación y entre el repertorio de los preliminares de la sesión aparece, qué casual, la Vicepresidenta de Gobierno tres filas más atrás. Es una mujer de gestos claros, amables y concisos, va rodeada de la cohorte de discretos escoltas y adjuntos del Gabinete del Ministerio. No existe palco en los cines Verdi donde pudiera ubicarse y eso me ayuda a ver, vislumbro un libro de Gabriel García Márquez en sus manos, es un tanto coqueta ya que se ha observado a si misma apacible cuando se ha cruzado con un reflejo suyo en un cristal. Camina pausada, mirando a la concurrencia a ambos lados del pasillo de butacas y es tan sincronizada su llegada a la sala que es sentarse y sin contemplaciones, empiezan a proyectar la película. Ustinov me comenta al oído, “Está la Vice ahí detrás” y saluda con un gesto mínimo a alguien. Carlos Tarazona y Yago Arriola habitan, sin percatarse, en línea recta con la pantalla iluminada. La sala es un mundo lleno de pistas y las tres filas que nos separan desvelan el nombre de una acompañante que no escribo. “¿Peter, a quién has saludado?”, inquiero dejando correr la pregunta. “A una directora del Ministerio” me dice sin apenas detalles secundarios. En estos cálculos imposibles entre lo que tengo detrás y lo que tengo delante, opto por lo segundo, introduciéndome de lleno en la película. Un ameno documental trabado de entrevistas y la música punk de The Clash. Joe Strummer, líder de The Clash, tiene una concepción del mundo subversiva, las letras de sus canciones son penetrantes y tenaces, su vida fue un trayecto épico incomodo que narra la importancia de la trinchera militante y que acabó deslizándose definitivamente hasta la romántica muerte. Todo contado ineludiblemente alrededor del fuego. Cuando se encienden las luces entre un mar de ojos tristes, una semisonrisa de Peter hace un intento de contacto con alguien del grupo de atrás. Es sabido de la insensatez de muchas sofisticadas plumas o voces que dedican parte de su tiempo a cumplir buena cuenta de la Vicepresidenta de Gobierno pero ahora que la tengo cerca, tanta es la similitud humana como destino es la sepultura. El cromatismo de la tela del vestido de la Vicepresidenta es estimulante para la antigüedad de la tapicería de las butacas encastadas. Me trasmite cierta espiritualidad su persona. Abandona ella y su “familia” de una manera esmerada el espacio común y percibo que abundan los comentarios, no sé si vinculados a la película. Me percato que Peter habla en un rincón con una atractiva mujer. Yago Arriola abandona la mirada perdida del abigarrado análisis cinematográfico y con refinado acento piropea silenciosamente a la musa de Peter. ¿Qué lazo puede existir entre estas dos personas? Hay que tener en cuenta que entre los despistados espectadores del argumento paralelo una pieza me permite el enganche con lo impredecible, el libro que portaba La Vicepresidenta ha quedado olvidado en el respaldo de la butaca. “El amor en los tiempos del cólera” y dedicado. Entrega personal de “Gabo”, en estado original. Cuando lo cierro Peter viene hacia mi hablando por el móvil apuntando hacia la salida. La secuencia acaba con toda la banda en coches oficiales a la puerta de los Cines. Sin reparo le enseño el libro a Peter que suelta un cuádruple hostias, hostias, hostias, hostias. “si quieres puedo hacérselo llegar a la Vice” dice Peter, más cerca de la escenografía que del ofrecimiento sincero. Aquí tengo el libro a día de hoy, entre “Historia de un naufrago” y “Cien años de soledad”. Dentro hay una carta. Episodio 2. El amor en los tiempos del cólera. Cuando puso el pie en la taquilla de los cines Verdi, que a la vez hacia de oficina administrativa, sonó el teléfono. Cristina había almorzado en un bar cercano y un sentimiento de extrañeza corrió por su espinazo. ¿Cómo explicarlo? - Buenas tardes. Le llamo desde el Gabinete de la Vicepresidenta Primera del Gobierno. Mi nombre es… La voz telefónica era femeninamente sonora y replegó a Cristina contra la silla que utilizaba para atender al público. Y qué decir de la rogatoria que le dieron desde la otra parte, fue atenazante y Cristina dio por verosímil lo que estaba escuchando. Entendió lo esencial y la imposibilidad de responder con soltura hizo que saliera de su boca una especie de graznido. Preguntaban por un libro perdido el jueves en la sala donde proyectaban “Joe Strummer, vida y muerte de un cantante”. Ese día, las mujeres que realizaban la limpieza de la sala no informaron de nada anormal ni encontraron objetos olvidados por algún espectador entre los pasillos de las butacas como a veces ocurre. Cristina para depurar más la respuesta solicitó un número de teléfono adonde poder dar fe si apareciese el libro. La funcionaria quedó contrariada ante el temor de saber que efectivamente había tenido una negativa como respuesta a su indagación y su voz interrogante se fue apagando hasta que acabó por deslizarse sutil por el hilo telefónico. Estaba en una de esas estancias ministeriales, donde se recogen los temores conspiranoicos y en donde se disponen de los espacios adecuados para el ejercicio del poder, pertenecía al Gobierno de España y se durmió en el valle de la zozobra pues era lo más desfavorable que podía escuchar aquella tarde. En ese estado de suspenso fue informada la Directora del Gabinete de Información quien consolidó aun más la creencia de que el libro había desaparecido e informó a su superiora. La Vicepresidenta fue avisada de lo que estamos leyendo, había tenido una agenda apretada y en su despacho de La Moncloa resaltaba la quietud. Los chopos que divisaba desde su ventana eran cimbreados por el viento y no le llamaba la atención siquiera un pájaro picapinos que golpeaba con fruición la madera porosa del árbol. Entre las intrincadas especulaciones que rondaban su cabeza estaba el nombramiento de la nueva Ministra de la Vivienda, la entrevista en antena para dentro de una hora en un programa de radio con Angels Barceló y ese libro olvidado en aquel funesto jueves. Como un alma pérdida pero con todo el peso de la memoria, María Teresa hace un repaso en este tránsito, en ese aislamiento sensorial que tienen los pensamientos. Surgen entonces Fermina Daza y Florentino Ariza, obligados a amarse por la fuerza insospechada de lo que era confundido con el cólera. Y si no debieran tener lugar estos acontecimientos tan humanos en el ideario de personajes tan poderosos es preferible que se desplacen por unos momentos por la conciencia del Estado tan desconsiderable en materia de felicidad. Y en esas aspiraciones suicidas de fidelidades románticas, en la trayectoria sugestiva de la poesía, María Teresa contempla la ajena vegetación arbórea de los jardines del Palacio y narcotizada por la imagen de alguien que quiso conservar en su recuerdo, pasa su mano acariciando levemente la vertiente oscura de un croton tiglium que salpica con sus hojas persistentes una mesa de caoba. Episodio 3. Peter Ustinov. Hay que felicitarse que tan solo en hora y media estemos en Roma. De la misma manera Italia ha pasado a manos de Il Cavaliere, no ya por poseer gusto y criterio el pueblo trasalpino, sino porque la identidad italiana muestra sus vergüenzas sin pudor alguno. La ciudad de Roma, descartada definitivamente la transformación de su trazado urbano, sopesa un proceso de transformación complejo, difuso pero de una verdadera efervescencia vertida sin límites en la densidad del aire mítico de la historia. Es ese tipo de ciudad para pasear y convivir, a ello contribuye que la identificación de los romanos con su ciudad es intensa. Un cielo azul nos recibió a los cinco viajeros, con todo el cariño que la primavera romana puede ofrecer a sus visitantes. He solicitado en mi departamento seis días de asuntos propios y he sido condenado a una esperanza sin sentido en Roma, querer-ver-todo. Directamente imposible. La anatomía femenina de María, la novia de Carlos Tarazona, que tira del carro llamémosle "grupito pseudocultural" me tapona con su contundente transposición de escenarios, padece el síndrome japonés. Su actividad febril de estos días me cansa y los lugares “súper-mega-estupendos” que nos quedan por ver, no van a contar con mi humilde presencia. No tengo compasión por el territorio inabarcable, por el conglomerado de museos vaticanos o por el más que fotografiado Foro romano. En este fenómeno contemporáneo de dejar huellas en todas partes me planto, estoy en la ciudad de Roma sin el deseo inimaginable de los tecnourbanitas pero con la conformidad de disfrutar de una cerveza Moretti en una terracilla en la plaza Navona. Mis compañeros se fueron esta mañana a la diminuta ciudad-estado, fabulosa sin contemplaciones, luz del catolicismo. Benedicto XVI está en Estados Unidos, es decir más allá de la geografía vecina y volverán a encontrarse conmigo a la tarde. Las mujeres aquí conservan sin duda, el símbolo pilar de la idiosincrasia romana, una nariz épica. En Roma está omnipresente la passegiata, tránsito inestable que vislumbro lleno de transeúntes y palomas. La passegiata se convierte en exposición de maravillosos guiños seductores. Estoy fascinado de la belleza misteriosa de la mujer romana, no muy alta pero ceñida a una altitud considerable, y ando encantado de una docena de sonrisas que conservo en mi memoria. Después de permanecer exiliado en Navona aparecieron con sutil ironía mis amigos turistas, complacidos ante tal volumen de piedra milenaria y olor a incienso. Como hacía calor se bebieron lo que no estaba permitido en las iglesias y demás museos. La amalgama de fotos de las Nikon digitales eran escandalosas y sin esperanza de exponerlas al interés humano, se conservarán entre ceros y unos en algún disco duro de una computadora. Dedicados a repasar retrospectivamente las ultimas instantáneas y otros menesteres carentes de importancia son conocidos los atardeceres romanos. La ciudad se encarga de mostrar a sus habitantes la visión del un cielo rojizo en extremo y la exposición de la piedra sus perceptibles tonos ocres naranjas. La contemplación de la luz nos colocó ante un despliegue espectacular. Y en este inmenso poder digno de veneración solar también induce a que el sonido de mi telefonino vuele por la arquitectura de la piazza Navona. -Buona sera...- digo con acento rizado y con la distancia clara de dejar una pista fácil. -Peter Ustinov debes volver inmediatamente. El resultado es que me llaman del Ministerio, indistinguible de mi vida privada. Mi compañero de trabajo Julián Iglesias ha muerto y están buscando su cuerpo entre el derrumbe de su casa de pueblo en la provincia de Guadalajara. Los problemas y las angustias no vienen solos, ahora es cuando echo de menos el plácido quehacer de María: hacer de turista, vivir tranquilamente. Me voy de Roma y aquí quedará la ciudad, nicho religioso de la historia europea, dueña de escenarios milenarios privilegiados que fascinan a los norteamericanos y las obras excelsas de la arquitectura cultural universal. Me despido de mis amigos con intercambio de buenos deseos y en el avión me siento como la ciudad homónima, romo. Puedo encontrar los turistas nacionales que también regresan y a unos cinco mil metros de altura diviso las islas Baleares emergidas del mar Mediterráneo como un misterio telúrico. Julián Iglesias ha muerto al derrumbarse una vieja casa que era de su propiedad. La fatal fortuna ha cobrado una victima idónea y nada más llegar a Madrid viajo hasta el pueblo junto a una brecha de dolor en mi corazón. Estoy sorprendido por el lugar tan solitario y por el castillo encaramado a una peña casi inaccesible. Lo que queda del derrumbe son cascotes de barro seco y un montón de escombros de perversas concreciones, un inmerecido castigo para Julián. Me cabe reflexionar sobre lo que he aprendido a percibir en estas tristes situaciones. La fuerza de la cubierta añosa ha cedido y como en un sueño infantil se ha desplomado sobre el vulnerable cuerpo de Julián Iglesias. Los Guardias Civiles al fin encuentran, sin vida, de quien fue sorprendido en el abandono de la noche por un incomprensible destino y ya se halla encadenado a los argumentos de la muerte. El médico forense de Sigüenza ha certificado su muerte. Solo una casa destruida, solo una muerte. El estado deplorable de unas vigas bicentenarias a las que no presto Julián la debida atención y la humedad encubierta acompañaban el precario sustento de un tejado perseguido por la escena final del drama. La concurrencia al lugar de los hechos se ha mostrado muy impresionada de la magnitud de la tragedia como yo lo estoy ahora. También está la policía científica colaborando en el esclarecimiento de las causas del accidente y diviso a varios compañeros a los que saludo vehementemente. La exposición detallada de la macabra escena no tiene sentido y hago oídos sordos a mi Director desplazado en coche oficial. Lo que no podéis imaginar es que en esa mezcla nocturna de infierno y dolor, Gerardo Rojas del Departamento de Asuntos Institucionales con quien guardo sincera amistad, me habla al oído con sentimiento triste. “ha sido asesinado, me lo ha dicho un policía de confianza”. Y de los pensamientos surgen las respuestas difíciles que pretenden enmascarar la realidad. “Estás loco”. Episodio 4. Silvano García. En este instante la oleada de ideas desaparecen y me doy un respiro, me llama mi amigo Peter Ustinov. Tuvo que volver precipitadamente de Roma. Siempre tiene contratiempos, su vida comprometida con sus responsabilidades ineludibles son constantes. Recuerdo las veces que ha tenido que salirse en mitad de una obra de teatro o ha tener que volverse atrás con multitudes de proyectos. Llevo toda la tarde con un minucioso problema de mi trabajo. Soy encargado de un almacén de algo que no viene ahora a cuento, tengo un proyecto en la cabeza, crear más espacio en el almacén de devoluciones de mi empresa a través de un triple acceso en altura, eso proporcionaría que en las plantas superiores de la nave se pudieran colocar los materiales más ligeros con lo que ganaría espacio. Estoy en ello. Me ha llegado por correo electrónico unas propuestas muy interesantes de una empresa sueca. En un receso pienso en irme a dormir y dejar estas ideas, pero siento en mi interior otra propuesta. Observo el libro que me traje del cine Verdi el otro día, veo el lomo azul y emana un poder cautivador. Inspira leerlo, lleva la firma y dedicatoria del autor: “Cada día que pasa el misterio del amor está contenido en nuestras vidas cruzadas. Gabriel García Márquez”. Y tengo el contacto intenso de la seguridad de saber quién es su legítima dueña. Al abrirlo, caigo en cuenta del hallazgo de la carta que estaba entre las hojas. El sobre lleva el membrete del Centro Nacional de Inteligencia y un imparable deseo de curiosear me asalta. Saco la hoja de pretoriano papel que está dentro, papel denso. Simplemente visionarla y juro discreción eterna. ¿Silvano García, qué estas haciendo? No has oído hablar de la inviabilidad de la correspondencia oficial. Cuando despliego la misiva ya he tomado asiento y la decisión por compartir los secretos de Estado con mi otro yo. Desilusión. Una hoja en blanco con un número ”197656”. Me echo hacía atrás de la silla con los brazos en alto, las manos a la cabeza y repito “197656”. Cabe pensar, os lo aseguro, cabe pensar. Pero no tiene ningún significado efectivo pensar sobre algo tan evidente. ¿Se tratará de una clave, supongo? Me niego a desechar que detrás de este papel no exista nada. Internet hace de todo este aparataje de conexiones posibles una búsqueda entre millones de posibilidades. Google muestra infinitas dimensiones. Es reconfortante pensar que no encuentro solución. No sé que hacer. Escucho la melodía musical de Windows XP que se cierra. La noche nos evita quebraderos de cabeza y podemos dar la vuelta a las cosas reposadamente. Nuestra mente puede buscar en ese sueño profundo las concomitancias que existen entre el vuelo de una mariposa, la lectura sosegada de un libro o la secuencia de un número. Se establecen los nexos sinópticos entre los millones de neuronas que se confunden entre el control y el caos. Consciente todavía mi existencia entro pesadamente en el lugar hermenéutico por excelencia, el sueño. Recibo solo señales reconfortantes, un camino perdido y el viento azotando mi cara. Me despido de una mujer que está a bordo de un extraño artefacto de vuelo. Todo sirve y las amapolas de los zopeteros tienen un efecto sentimental extraño. En mi camino se cruza un automóvil soviético a toda velocidad, pilotado por un caballo que trasmite comunicados que no entiendo. Puedo oír una pieza de música de piano que me conduce a un café antiguo, un establecimiento con sabor callejero imborrable. Una camarera me sirve una taza. Alzo la vista y reconozco a un visitante ilustre, Heráclito el oscuro. Me habla cosas y al final consigo descifrar una frase sobre que “una persona no puede bañarse dos veces en el mismo río” y me presenta a un tal Marco García, español y muy unido con él. Ya no recuerdo más. Los problemas tienen sus soluciones. Las materias y contenidos de los sueños son intangibles y será necesario recordarlos a la mañana siguiente.
Gerda Taro (Stuttgart, Alemania 1910 – El Escorial, España 1937).

La fotógrafa alemana Gerda Taro, compañera de Robert Capa, estableció ricas relaciones con la imagen. He localizado un libro sobre ella ocupando la balda más inaccesible en una librería de Madrid. Se trata de "Gerda Taro, fotógrafa de guerra. El periodismo como testigo de la historia" publicado por la Editorial Debate y escrito por el periodista Fernando Olmeda Nicolás del cual coloco un enlace por si alguno quisiera pasarse. En este libro se habla de las duras condiciones en el que desarrollaba el oficio de Gerda como reportera durante la Guerra Civil española hasta que el 26 de Julio de 1937 muere tras un ataque de las tropas nacionales en la batalla de Brunete.
Las fotografías que arrancó Gerda de la realidad atraviesan el plano humano. La construcción de su obra es avanzar, estar cerca, más cerca de la llama, tocar la hoja de la guadaña, establecer ricas relaciones con el abismo de la realidad, codo con codo con la muerte. Logra un pequeño desorden de todo esto, como su corta vida de 27 años, como la mecánica de fuerzas opuestas en el Frente Republicano dónde trabajó.
Gerda Taro me atrae infinitamente, la percibo rodeada de misterio como en esta fotografía del post, apoyada sobre su brazo, lánguida e ininterrumpidamente bella. Su vida en pareja con Robert Capa es inexorable al fatal destino. El ansia de Gerda Taro por la búsqueda de lo eterno los aboca al accidente inevitable. No sé que queda del reflejo de los ojos de Gerda, de los momentos sexuales amables de tantos años con Robert… a través del libro de Fernando Olmeda recorro aquellos tiempos lejanos y el devenir de una entusiasta compañera.




